Tuesday, November 10, 2015

capitulo 74

—No. No lo comprendes. No hay nada de malo en ti. Tú has sido maravilloso, no como yo esperaba —ella suspiró—. Lo que quiero decir es que la mujer que conociste aquella noche no soy yo. Y cuando apareciste en mi apartamento y me invitaste a cenar, tuve que seguir fingiendo que era una mujer segura y mundana. Me tuve que comprar más ropa sexy e inventarme otra profesión para que no supieras que me pasaba los días aquí, rodeada de libros.
Peter estaba perplejo. Ella parecía pensar que la mujer con la que había estado él y la que trabajaba allí eran distintas personas.
Pero él opinaba lo contrario. Sabía que, aunque ella hubiera estado fingiendo ser otra persona en el club la primera noche, había alguna parte de esa mujer vibrante y sexy dentro de ella en aquel mismo momento. Él sabía que el que ella fuera bibliotecaria de profesión no quería decir que fuera aburrida. Y sabía que el modo en que ella se veía no tenía nada que ver con la mujer de la que se había enamorado.
Sinceramente, se alegraba de descubrir que ella había desaparecido porque pensaba que no estaría a la altura del personaje que se había inventado. Por un momento había pensado que él no le importaba.
Suponía que debía estar enfadado por que ella le hubiera mentido. Pero en aquel momento no le importaba.
Peter rodeó sus brazos con sus manos y se los acarició.
—Sólo me queda una pregunta —dijo solemnemente—. ¿Has mentido acerca de esto?
Sin advertírselo, tiró de ella y la abrazó. Luego la besó apasionadamente, explorando su boca con su lengua, acariciándola, devorándola.
A Lali le daba la impresión de que hacía un siglo que no la besaba. Y el deseo se instaló, caliente y rápido, entre ellos. Peter la envolvió con sus brazos y la apretó más contra él. Ella se derritió.
No fue fácil, pero él se separó de ella y le preguntó:
—¿Ha sido fingido esto? ¿Fingías cuando estabas en mis brazos y en mi cama?
Ella pareció en estado de shock. Pero lo negó con la cabeza vehementemente.
—No. Te juro que eso fue verdad, absolutamente todo —respondió Lali.
Peter se sintió aliviado. Tuvo ganas de echar la cabeza hacia atrás y gritar de alegría.
Pero sólo sonrió, y se llevó una mano de Lali a los labios para besarla.
—Entonces, no me importa nada más. Te amo, a ti, no tu ropa ni tu trabajo. Me daría igual que trabajases en una hamburguesería y llevases un gorro de papel… Lali sonrió, aunque todavía se sentía insegura.
—No soy quien tú creías que era. Colecciono figuritas de gatos de porcelana y me paso las noches leyendo, no bailando en clubes.
—¿Me amas, Lali? Eso es lo único que quiero saber. ¿Me amas?

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