Wednesday, November 11, 2015

capitulo 5

Peter se miró la mano. Estaba muy contusionada y los nudillos le sangraban. Entonces, su mirada se encontró con la de Ezio. El hombre, que era el jefe de su equipo de seguridad desde que Peter era estudiante, lo conocía demasiado bien.
—Sí...
No obstante, no sabía cuándo volvería a sentirse normal. Él, Peter Lanzani, multimillonario, miembro de una de las familias más antiguas y más orgullosas de Italia y la fuerza impulsora detrás de Lanzani Industries, una de las empresas más grandes y de más éxito del mundo. Por primera vez en sus veintinueve años de existencia se sentía humillado y rebajado como hombre.
¿Cómo iba a explicarle aquel fiasco a su madre? Julia Lanzani estaba, literalmente, contando los días para la boda de su hijo y estaba ansiosa por tener a su primer nieto entre sus brazos. Era una mujer enferma, tullida por la artritis y debilitada por una serie de enfermedades. Cada semana que sobrevivía era casi como un regalo de Dios. Ya no había boda, ni la posibilidad de tener un niño que llenara su vida, ni una alegre nuera que alegrara su aburrida existencia...
Peter no había reconocido nunca antes la realidad de su situación, pero se dio cuenta de que necesitaba una esposa.
«Tammy no significa nada para mí... no es como si ella fuera un hombre...». Las insidiosas palabras de Candela hicieron que Peter apretara de nuevo los puños. No, no podía perdonarla, ni por el bien de su ardiente libido, ni por el de una madre a la que adoraba. Candela, la mujer que había amado más allá de lo que creía posible, había resultado ser una completa decepción. Había creído que conocía a su prometida completamente, pero no había sido así. De hecho, no podría haber elegido peor si se hubiera decidido a casarse con una completa desconocida. Visto lo visto, le daría lo mismo si se pusiera a pedirle que se casara con él a la primera mujer con la que se encontrara...
Tras soltar una amarga carcajada ante aquella idea tan alocada, Peter se sirvió una buena copa de coñac del bar que había a su disposición en la limusina.
Lali estaba hambrienta, aterida de frío y muy asustada. Eran casi la una de la mañana. Todavía le quedaban por delante la mayor parte de las largas horas de la noche. ¿Cuánto tiempo había estado caminando? Le dolían la espalda y las piernas y la visión se le estaba empezando a hacer borrosa por el cansancio, pero ¿dónde podría encontrar un lugar seguro en el que pasar la noche?

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