Pero disfrutaría de aquella última noche de pasión y excitación con él.
Peter sonrió.
—Puesto que parece que hoy tienes ganas de aventura, ¿me dejarás poseerte por detrás?
Ella sintió un cosquilleo de excitación al imaginarlo. Sería una nueva experiencia que no volvería a tener oportunidad de vivir. Porque no podía imaginar a otro amante que no fuera Peter.
—De acuerdo —respondió ella antes de que pudiera cambiar de opinión.
Peter le dio un beso en la frente y luego se quitó de debajo de ella. Lali se agarró a una almohada y se dio la vuelta sobre las sábanas satinadas.
Peter le quitó el pelo de la cara, le dio un beso en la mejilla y en la nuca y deslizó sus labios por su espalda. Al mismo tiempo, lo oyó abrir el envoltorio de un preservativo y ponérselo.
Un momento más tarde, Peter le acarició los pechos y la cintura y el ardiente punto que tenía entre las piernas.
—Pídeme que pare en el momento que quieras —susurró él.
Sus palabras vibraron en la piel de Lali.
Ella no quería que él parase. Estaba excitada, húmeda, y se derretía anticipándose a la sensación que podía experimentar.
Peter levantó suavemente sus caderas. Lali tenía la cara y los hombros apoyados en la cama.
Él se inclinó hacia delante y le besó el hombro, mientras le agarraba un pecho. Con la otra mano acarició la humedad de su excitación. Sus dedos encontraron el pequeño capullo tenso, escondido entre los rizos. Lo acarició con maestría, haciéndola gemir y subir más las caderas.
Peter se dio cuenta de que ella estaba lista para lo que él deseaba hacer. Encontró su abertura y entró en ella.
Lali gimió, y él la llenó. A ella le encantaba la sensación que sentía en aquella posición. Él se quedó quieto un momento, pero era evidente que lo hacía para frenarse, porque de lo contrario, habría explotado dentro de ella. Su excitación se notaba en la tensión de cualquiera de sus músculos.
—¿Estás bien? —preguntó Peter.
Lali asintió moviendo la cabeza sobre las sábanas. Estaba más que bien.
Cuando él supo que estaba bien, empezó a moverse hacia dentro y hacia fuera, coordinando el movimiento de sus caderas con el baile de sus dedos entre los femeninos pétalos de ella.
Ella sintió un fuego en el vientre con cada uno de los empujes de su sexo de acero, y el roce de sus ásperos dedos en el inflamado botón de su deseo.
Nooo xq lo quiere dejaaarr
ReplyDeleteQ le cuente cómo es y q vea q elije el!
Maaasss
ReplyDeletemas nove ♥
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