-¡No te besaría aunque fueras el último hombre....! -empezó a decir Lali, pero antes de que pudiera reaccionar, él la agarró por el hombro, atrayéndola hacia sí. Del mismo modo la besó con fiereza. Tendría que haberle parecido asqueroso, pero no fue así, por el contrario, sintió que se inflamaba de pasión.
Peter empezó a explorar con su lengua cada rincón de su boca, aplastando su cuerpo contra el de ella. Casi parecía un ataque, no podían estar más cerca el uno del otro. Sin darse cuenta, Lali empezó a acariciarle el pelo con ansia. Era casi como ser devorada... y devorar a la vez.
Sentía arder cada poro de su piel, mientras el pulso se le aceleraba. Parecía casi que le hervía la sangre. Lo deseaba... ¡Santo cielo! Casi se sentía morir por él, deseaba sobre todas las cosas mantener esa intensa sensación de placer..
De repente, Peter se apartó, aunque seguía sosteniéndola por los hombros. Su mirada se había ensombrecido, una mirada que Lali recordaría después, dándose cuenta de que, en ese preciso instante, Peter pasó por un momento de debilidad.
-Voy a llevar a Rosie con Emilia -murmuró con voz grave-. Tú echa a los obreros. ¡Maldita sea! Voy a pagarles para que se tomen el resto del día libre. Caliéntame la cama... Iré en cuanto pueda.
Lali tardó más tiempo en recobrarse que él. De hecho, estaba tan abrumada por el deseo que se quedó allí de pie con la docilidad de una víctima de accidente de tráfico. Pero la sinceridad brutal con que él manifestó sus deseos la devolvió a la normalidad.
-¡Eres.., un animal! -le dijo, apartándose de él-. ¡No puedo creer lo que me has dicho! ¿Cómo te atreves? ¿Cómo te atreves a pensar que.., que yo permitiría... que yo haría algo tan asqueroso?
Peter la miró como si quisiera matarla. Parecía ultrajado, pero lo más hiriente era que la miraba como si no pudiera creer que lo estaba rechazando. Un beso y ya esperaba que se acostara con ella. Era ella, sin duda, la que tenía derecho a mirarlo con asombro e indignación. De no ser por la presencia de Rosie, le habría dado un puñetazo en la boca.
A pesar de ello, se daba cuenta de que cuando Peter la tocaba el resto del mundo dejaba de existir y perdía el control de sí misma. Cuando la tocaba no existía en el mundo otra cosa que., no fuera él y el deseo de que siguiera tocándola. Y en aquellos momentos, se sentía avergonzada por no ser capaz de controlar su propia sexualidad.
No había nada más que decir. Era consciente de cómo se sentía y lo único que podía hacer era escapar. ¿Cómo podía seguir trabajando para Peter después de aquello? La forma en que había respondido... ¿Podía sorprenderla que quisiera acostarse con ella? Ella tenía a gala su recato, pero no le había dado ninguna razón
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