Wednesday, November 11, 2015

capitulo 3

Durante una décima de segundo nadie se movió ni habló. Candela y Tammy lo miraron, boquiabiertas. Entonces la morena lanzó un ahogado grito de horror y salió huyendo en dirección al cuarto de baño. Tras dar un portazo, echó el pestillo.
—Cielos... qué susto me has dado... —susurró Candela, subiéndose el vestido para cubrirse los hombros desnudos. Tenía el rostro pálido y frío como el mármol y sus maravillosos ojos negros brillaban con una febril ansiedad—. Por favor, no debes sacar una conclusión equivocada de lo que has visto, Peter...
—¿Una conclusión equivocada? —le espetó él, lleno de furia.
La incredulidad inicial había dejado paso a la rabia.
—Solo estábamos jugueteando. No seas tan conservador sobre...
Candela se fue acercando a él poco a poco, con las manos en tono suplicante. Peter no podía apartar los ojos de ella. Candela Vetrano, la top-model famosa en el mundo entero, la mujer a la que adoraban las cámaras, la que llevaba un anillo de compromiso que Peter le había dado... Su belleza nórdica y unas interminables piernas la habían convertido en una leyenda dentro del mundo de la moda.
—De acuerdo, seré sincera contigo —añadió, en un tono desesperado—. Te estaba echando de menos terriblemente y, de vez en cuando, me gusta variar...
—¿Variar? Lo haces sonar como si no fuera nada más que...
—¡Y no lo es! ¡Es solo sexo! —lo interrumpió su prometida, mientras le agarraba las poderosas manos que él, para contener su rabia, había convertido en puños a ambos lados de su cuerpo—. No es nada de lo que tú debas preocuparte, ni siquiera nada en lo que debas pensar porque, si no te gusta, te juro que no volverá a ocurrir.
Peter dio un paso atrás para soltarse de ella. Solo era capaz de ver una imagen: Candela, medio desnuda, abrazada y excitada por otra mujer. ¿Solo sexo? Se sentía traicionado y sobre todo algo a lo que no estaba acostumbrado: se sentía como un estúpido.
—Lo entiendo... Te sientes sorprendido y furioso y lo siento —prosiguió Candela, cada vez más desesperada al ver que Peter no respondía—. ¡Lo siento mucho! Te compensaré...
—¿Con qué? ¿Sugiriéndome que me una a vosotras?
Candela lo miró. De repente, sus ojos negros adquirieron una expresión de alivio.
—¿Te gustaría eso, cariño? —le preguntó, con voz seductora.
La furia y el desprecio recorrieron el cuerpo de Peter al oír aquella sugerencia. Si Candela no hubiera sido una mujer, la habría golpeado contra
la pared.

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