—Me encanta tu cuerpo —le aseguró Peter. Completamente ruborizada, Lali se apresuró a taparse hasta las orejas. Peter enarcó las cejas y la miró con el ceño fruncido.
—Creo que necesito una copa —comentó Lali. Peter se levantó y se dirigió al minibar, donde le sirvió un vaso de agua mineral. Lali no tuvo el valor de decirle que hubiera preferido algo con alcohol.
—Debes de estar pensando que soy un poco rara—murmuró.
— ¿Por qué dices eso? —contestó Peter con templando sus mejillas sonrosadas.
No quería que aquella mujer bebiera más. Le gustaba que sus compañeras de cama se enteraran de todo.
Estaba seguro de que había otro hombre en su vida. Por eso, Lali estaba tan nerviosa. Aquello no hizo más que acrecentar su competitividad. Estaba decidido a acostarse con ella y a borrar a su competidor del mapa.
El jamás compartía a una mujer y aquella era suya. Nunca antes había besado a una mujer en público ni se había mostrado tan deseoso de poseerla. Cuando estaba con ella se sentía como un volcán y, si Lali no se había dado cuenta, él se lo iba a demostrar en breve.
—Te tengo que decir una cosa... —dijo Lali.
Peter se tensó. No quería que le hablara del otro hombre. Aquello iba a ser muy molesto.
—No me gusta que me cuenten historias de otros hombres.
—Lo entiendo y, precisamente por eso, creo que debo advertirte que no tengo mucha experiencia—confesó Lali.
Aquello le llegó a Peter al alma. El ya se había dado cuenta, pero no le pareció bien decírselo. Al fin y al cabo, a él le daba igual.
—En realidad... —dudó Lali mordiéndose el labio inferior—. Para ser completamente sincera, no tengo ninguna experiencia... — ¿Cómo? —dijo Peter con las cejas enarcadas.
—Es la primera vez —concluyó Lali.
— ¿Es la primera vez que pasas la noche con un hombre que acabas de conocer?
—Sí, pero no sólo eso —contestó Lali—. No soy una mujer promiscua...
—Jamás he dicho que lo fueras —la interrumpió Peter.
—El caso es qué... bueno, nunca me he acostado con un hombre y... soy, ya sabes... —dijo Lali mirándolo con intensidad, para que lo entendiera cuanto antes—. Soy virgen —concluyó viendo que Peter no comprendía.
— ¿Qué? —dijo Peter estupefacto—. ¿He oído bien?
Lali asintió ruborizándose de pies a cabeza. Peter parecía realmente sorprendido, lo último que ella se había esperado.
—Pero si no eres una adolescente —comentó Peter sorprendido por momentos. — ¿Y?
Virgen. Aquella mujer era virgen y él no se estaba comportando como un caballero. En lugar de aceptar su confesión con calma, se había quedado mirándola fijamente como si acabara de salir de un cuadro medieval.
Peter se sentó a su lado.
—No pasa nada —le aseguró abrazándola con mucha más cautela de lo que lo había hecho antes.
«Claro que no pasa nada. ¿Por qué iba a pasar?», se dijo.
— ¿De verdad? —insistió Lali.
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