Obviamente, se refería al fallecimiento del padre de Lali la primavera pasada.
—Fue una suerte que tuviera el trabajo para mantener la cabeza ocupada.
— ¿Se da usted cuenta de que no se ha ido de vacaciones en varios años?
—Sí... —contestó Lali encogiéndose de hombros.
—Me han dicho que tiene usted que disfrutar de, por lo menos, tres semanas a partir del mes que viene.
— ¿Tres semanas? —exclamó Lali.
—También me han autorizado para que le ofrezca la posibilidad de tomarse entre seis y doce meses sabáticos.
— ¿Habla usted en serio? —preguntó Lali completamente desconcertada.
El jefe de departamento se apresuró a recordarle que había ingresado en la universidad directamente del colegio y que se había unido a la plantilla de la empresa a los pocos días de terminar la carrera.
—Además, trabaja usted muchas horas.
—Me gusta lo que hago.
—Aun así, estoy seguro de que va usted a disfrutar de sus vacaciones y no olvide considerar la posibilidad del año sabático.
Lali se preguntó si la razón por la que no le habían dado el ascenso era porque sus compañeros la veían como a una mujer estresada. ¿Estaría irritable? ¿Sería que sus conocimientos de gestión no eran tan buenos como ella creía? ¡Tenía que haber alguna razón por la que no le hubieran con cedido el ascenso!
En cualquier caso, el tema de las vacaciones no había sido una posibilidad si no algo que le había llegado impuesto desde arriba. ¿Por qué ahora y no antes? ¿Temían acaso sus superiores que no fuera capaz de adaptarse a la nueva estructura jerárquica del departamento?
Habiendo perdido la fe en sus capacidades, Lali se concentró en el trabajo durante la hora de comer y cuando, a las tres de la tarde, levantó la mirada vio que en la oficina no quedaba nadie.
— ¿Dónde se ha ido todo el mundo? —le preguntó a Benjamin sorprendida. —Se han ido pronto para arreglarse para la fiesta y tú deberías hacer lo mismo.
A Lali no le gustaba nada dejar algo sin terminar, pero recordó lo de las vacaciones impuestas, una bonita lección de que en realidad no era indispensable, y decidió irse a casa.
Al llegar a la salida del edificio, se dio cuenta de que estaba lloviendo a todo llover y de que se había dejado el abrigo arriba. Demasiado impaciente para esperar al ascensor, decidió subir por las escaleras.
Estaba llegando su despacho cuando oyó la voz de Benjamin.
—Cuando estuve en Nápoles, Peter dejó muy claro que le gustaba rodearse de mujeres sensuales y bien vestidas —estaba diciendo en tono defensivo—.
Miró horrorizado a Lali y me di cuenta de que jamás sería una buena ejecutiva a sus ojos. Por eso, he elegido a Mercedes. Es cierto que está menos cualificada, pero es mucho más presentable...
Lali se quedó de piedra.
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ReplyDeletenove
ReplyDeleteplease
ReplyDeleteme encanta la novela
ReplyDeletequiero otro mas
ReplyDeletequiero que peter se encuentre con lali falta mucho para que se conoscan
ReplyDeletesubi mas
ReplyDeletepobre mi lali que alla oido eso
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