—Lali Esposito es una empleada excelente—contestó una voz que ella identificó rápidamente, la de otro alto directivo.
—Estoy de acuerdo, pero no es guapa. Y no tiene personalidad —añadió Benjamin en un tono que a Lali le llegó al alma—. Para ser sincero, no creo que quedáramos muy bien si ignoráramos las preferencias del señor Lanzani y le pusiéramos delante a Lali el primer día.
Sobrecogida por lo que acababa de escuchar y temerosa de que la descubrieran espiando, Lali salió de puntillas por el pasillo sin el abrigo.
Por fin se había enterado de por qué le habían dado el puesto a Mercedes y no a ella. Benjamin lo había dejado muy claro. Mercedes era extremadamente atractiva y gustaba a los hombres. Sus curvas y su belleza le habían dado el puesto, no su preparación.
Lali sintió un nudo de humillación en el estómago, tragó saliva y se controló para no llorar. Era injusto. Aquel puesto era suyo, había trabajado muy duro para conseguirlo. No era justo que la juzgaran por su aspecto físico. Debería demandar a la empresa por tratarla así.
Sin embargo, cuando se imaginó ante un tribunal repitiendo, las espantosas palabras que le acababa de oír a Benjamin, se dio cuenta de que no tenía valor para hacerlo.
¿Sería cierto que era tan fea? Obviamente, Benjamin jamás creería que, cuando tenía quince años, una agencia de modelos le había ofrecido un jugoso contrato.
Por supuesto, su padre se había mostrado indignado ante la posibilidad de que su hija se embarcara en una carrera que él consideraba de poca monta. Sin embargo, ella había ido a escondidas a la agencia y se había dejado maquillar y vestir.
Se había quedado con la boca abierta ante el cambio que se había operado en su cuerpo. Había pasado de ser la larguirucha de la clase a una belleza.
Sin embargo, cuando el fotógrafo había intentado flirtear con ella, había huido de la agencia y había vuelto a casa convencida de que todo lo que contaba su padre sobre la corrupción del sector de la moda era cierto:
¿Por qué no volver a operar aquel cambio en ella? Podría ir a la fiesta realmente guapa para dejar a Benjamin y al idiota de Peter Lanzani con la boca abierta.
¿Cómo era capaz un hombre de negocios de anteponer la belleza a los conocimientos?
Lali sacó el teléfono móvil del bolso y llamó a su amiga Candela, que era peluquera.
— ¿Te has dejado por fin llevar por la tentación? ¿Estamos en Navidad y yo no me enterado?
—Voy a salir esta noche y es muy importante—contestó Lali.
quiero saber que va a pasar con esa transformacion mas
ReplyDeleteasi es lali ve a la fiesta y demostrarle que no sos nada fea a esos tarados
ReplyDeletemas =)
ReplyDeleteotro otro
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