Peter sonrió haciendo que el corazón de Lali latiera aceleradamente.
—Me temo que me llamo Peter —contestó.
— ¿Es un nombre muy común en Italia?
—Sí, allí todos nos llamamos Peter —se burló Peter.
Lali estaba fascinada, emocionada y asustada al mismo tiempo. Ni siquiera se dio cuenta de que Peter pedía una copa, pero, cuando el camarero le entregó una copa alta de cóctel, la aceptó y se la tomó.
— ¿Está usted casado? —se oyó preguntar a sí misma.
Aquello hizo reír a Peter.
—Muy sutil por su parte... No, por supuesto que no estoy casado. Dígame por qué cree que Peter Lanzani es un machista...
—No quiero hablar de eso.
—Pues yo sí —insistió Peter mirándola con intensidad.
—Pero yo no —insistió Lali.
No podía dejar de mirarlo y se sentía como si estuviera conectada a él por una corriente eléctrica.
—Ya se lo sacaré —dijo Peter muy seguro de sus dotes de persuasión—.
¿Siempre se aprovecha de ser guapa?
Lali se atragantó con la bebida y lo miró sorprendida.
— ¿Perdón?
Lali no se lo podía creer. Aquel hombre, que era una fantasía hecha realidad, estaba flirteando con ella y ella no tenía ni idea de cómo responder, así que sonrió y sonrió y sonrió y sonrió y sonrió temerosa de que perdiera el interés en ella y se fuera.
Ya iba siendo hora de que disfrutara de lo que disfrutaban otras mujeres, pues era joven y estaba soltera. La admiración que veía en su mirada fue como una subida de adrenalina para su maltrecho ego.
Aquella sonrisa femenina que sugería que aquella mujer sabía exactamente el efecto que le estaba produciendo hizo que todos los músculos de Peter se tensaran. Hacía mucho tiempo que el apetito sexual no se apoderaba de él con tanta fuerza.
El animal que llevaba dentro quería apoyarla en la pared y besarla hasta dejarla sin sentido, pero ganó la razón. No le gustaba perder el control. De hecho, le gustaba controlarlo todo siempre al cien por cien.
—Santo cielo —murmuró.
Lali se encontró ahogándose en unos ojos color verdoso y sintió que la boca se le quedaba seca y que las rodillas le temblaban.
Por primera vez en veintitrés años comprendió lo que era sentirse deseada por un hombre.
—Vámonos de aquí... —dijo Peter pensando que ya se le ocurriría una excusa para abandonar la fiesta.
Le ofreció la mano y, aunque Lali se dio cuenta de que no pensaba con claridad, no pudo resistirse a la tentación de entrelazar sus dedos con los de aquel hombre,
pues se moría por tocarlo.
Se estremeció, atormentada por la necesidad que sentía en lo más profundo de su ser.
—Esto es una locura —murmuró.
jajajaj lali si es tonta me dio mucha risa que no se dio cuenta y penso que era otro peter
ReplyDeletequiero mas
ReplyDelete=)
ReplyDeletequiero otro mas please
ReplyDeletemas
ReplyDeletenovela
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