Todo lo que estaba sintiendo era completamente nuevo para ella. Le parecía maravilloso y milagroso que Peter estuviera tan interesado en ella como ella lo estaba en él. Intentó recobrar su estado normal, que era mucho más distante, pero no lo consiguió.
Los besos de Peter la habían obnubilado. Se sentía como en una nube. Había oído a otras mujeres decir que había ciertos hombres que eran irresistibles, pero ella había pensado que jamás encontraría a uno que tuviera un efecto tan intenso en ella.
Lo cierto era que se moría por encontrarlo y, cuando Peter la había besado, todas las células de su piel habían respondido con entusiasmo.
Estaba mirándolo cuando él, como si se hubiera dado cuenta por un sexto sentido de que alguien lo observaba, se giró hacia ella y le sonrió. Entonces, Lali sintió fuegos artificiales en el vientre y el corazón comenzó a latirle acelerada mente, como si hubiera corrido una maratón.
— ¿Me das tu número de teléfono? —le preguntó Stefano—. Tú explicas mucho mejor las matemáticas que mi hermano.
Lo cierto era que Lali se estaba llevando la mayoría de las miradas masculinas de aquella fiesta, pero ningún hombre se atrevía a acercarse a ella cuando Peter la miraba como si fuera suya.
Lali acababa de terminar de hablar con Stefano cuando Peter se acercó a ella, la tomó de la mano y la condujo fuera de la sala. Mientras avanzaban, Lali oyó comentarios especulativos a su alrededor, pero debía de ser por lo guapo que era Peter.
Además, dado que nadie se había acercado a ella mientras había estado sola en la mesa, Lali creyó que ninguno de sus compañeros la había reconocido sin los rizos, las gafas y sus aburridos trajes.
—Todavía no me has dicho por qué crees que Peter Lanzani margina a las mujeres en el trabajo... —dijo Peter una vez a solas en el ascensor.
—Creí que se te habría olvidado ese tema —con testó Lali desconcertada.
—A mí nunca se me olvida nada —le aseguró Peter.
—Preferiría que lo olvidaras —murmuró Lali—. He sido indiscreta...
—Puedes confiar en mí.
—Un pajarito me ha contado que tu tocayo...
— ¿Mi tocayo? ¿El hombre bajito que te recordaba a un gnomo?
Lali asintió.
—Dicen que al gran jefe sólo le gusta promocionar a mujeres guapas.
— ¡Eso no es cierto!
Obviamente, aquel hombre era fiel al propietario de la empresa y Lali no pudo evitar admirar aquella honorable cualidad.
—Supongo que tienes razón.
—Te aseguro que tengo razón —contestó Peter con convicción.
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