Lali sonrió.
Peter la tomó entre sus brazos.
—Me encanta abrazarte, carissima...
—A mí también —admitió Lali apretándose contra él—. Me encanta estar cerca de ti.
Peter se rió y le acarició el pelo. Al mirarla a los ojos, no pudo evitar besarla con pasión.Lali respondió a sus besos con la misma intensidad y, cuando salieron del ascensor, apoyó la cabeza en su hombro y tomó aire.
Estaba confundida. No se podía creer lo que le estaba sucediendo ni lo que estaba sintiendo, pero no se lo quería perder.
Peter se sacó una tarjeta del bolsillo y abrió una puerta que daba a una suite muy lujosa. Hasta aquel momento, Lali no se había preguntado dónde iban. Lo cierto era que no habían salido del hotel y que, sin darse cuenta, estaban en su habitación.
— ¿Esperas que pase la noche contigo? —le preguntó confusa.
Peter miró a Lali desafiante.
—Eso depende de ti.
Lali palideció de vergüenza. ¡Por su puesto que dependía de ella! Hacía ya mucho tiempo que las mujeres habían aprendido a tomar decisiones por sí mismas. Se acercó a los ventanales desde los que se veía la ciudad y pensó que acababa de quedar como una tonta ante Peter.
Se había mostrado nerviosa como una virgen que jamás hubiera estado a solas con un hombre en la habitación de su hotel. El calor del deseo se había tomado palidez.
Lo cierto era que por fuera había conseguido cambiar, pero por dentro seguía siendo la misma Lali Esposito de siempre. La misma Lali que había ido a un colegio sólo de chicas y que se había pasado los fines de semana estudiando en lugar de saliendo por ahí.
Los chicos siempre le habían parecido seres extraños y desconocidos y nunca había aprendido a comportarse con tranquilidad en su presencia. A los diecisiete años, aquel chico del que se había enamorado la había humillado y desde aquel día su orgullo herido se había convertido en su mejor fuente de protección.
Aunque habían pasado ya varios años, prefería ser precavida que volver a cometer el mismo error. Aquellos seis años los había pasado ocupándose de su padre, la excusa perfecta para no tener que salir con hombres.
Había resultado más fácil ser una hija dedicada y asumir que era «una chica fornida», como solía decirle su progenitor, y dar por hecho que por eso no le gustaba a ningún hombre.
ay espero que lali se quede y que tenga una noche loca
ReplyDeletequiero otro mas
ReplyDeletemassssssssssssssss
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