—Durante las últimas cuarenta y ocho horas he creído que estabas celebrando una íntima reconciliación con tu ex.
—¿Mi ex? ¿Te refieres a Benjamin? —preguntó ella, atónita por aquella declaración—. Mi único huésped ahora mismo es mi hermano. ¿Cómo se te ocurrió pensar que había vuelto con Benjamin?
—Por ahí se dice que tu invitado era un amante. Que yo lo creyera es, en realidad, mi culpa —declaró con voz suave y melosa y un destello líquido de reproche en sus increíbles ojos esmeralda.
Era muy difícil mantener un desafío verbal con Peter, reconoció Lali para sí. Allí estaba, arrebatadoramente atractivo y carismático. Tenía la habilidad de dejarla sin respiración diciendo al mismo tiempo las cosas más indignantes.
—¡No es culpa mía que hayas decidido creerte un rumor absurdo sobre mí! — espetó ella, soltándose de su agarre.
Los ojos de Peter brillaron con una frialdad incisiva.
—Me llamaste por su nombre en la cama. Eso es algo más que un rumor absurdo. Y luego oigo que estás abrazando a un tipo rubio en el aeropuerto y que lo tienes hospedado en tu casa. No puedes culparme por haber sacado mis propias conclusiones.
—¡Puedo culparte por demasiadas cosas! —lo acusó ella—. No confiaste en mí. No te molestaste en comprobar los rumores. Ni siquiera me diste la oportunidad de defenderme a mí misma.
—¿Por qué estás sacando todo esto de quicio?
«Lo creas o no, que se deshagan de ti no es una experiencia precisamente divertida», estuvo tentada de decirle. La indiferencia que Peter mostraba al daño que le había infligido con su rechazo la sacaba de sus casillas, hasta el punto de que ella misma estaba asustada por el arrebato de furia que había surgido de la nada y que había avivado su temperamento a cotas insospechadas. Y la frialdad de su calma impasible sólo conseguía enfurecerla aún más.
—Para mí no es sacarlo de quicio. Pero supongo que debería estarte agradecida por haber mostrado tu verdadera naturaleza tan rápido.
Peter alzó una ceja.
—¿Qué quieres decir?
Lali echó hacia atrás la cabeza y lo miró con ojos desafiantes.
—Me has decepcionado.
Peter se quedó absolutamente perplejo por aquella acusación, y sintió cómo la ira amenazaba con romper su férrea autodisciplina. Ninguna mujer lo había acusado jamás de algo semejante. Los hombres que defraudaban a las mujeres eran cobardes, débiles e indignos de toda confianza, y él se enorgullecía de no ser nada de eso.
—¿Adonde quieres llegar, diciéndome eso?
—Creo que es deleznable que ni siquiera me dijeras que habías oído que Benjamin estaba conmigo —a pesar de su intención por mantener la compostura frente a la frialdad de Peter, la voz le tembló ligeramente por la intensidad de sus emociones.
Peter tensó su recia mandíbula.
—Fue un malentendido.
—Soy demasiado ordinaria para ti. Tú crees que lo único que importa son las citas glamurosas, los regalos caros y la pasión en la cama. Y sí, tienes razón... Todo eso es
terriblemente excitante. Pero me habría quedado mucho más impresionada si te hubieras molestado en preguntarme quién era mi invitado. Que simplemente me apartaras de tu lado lo dice todo. La imagen era más importante, ¿verdad? ¡Todo era más importante que mis sentimientos o yo!
Maaass
ReplyDeleteotroooooooooooooo
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