—No me digas que se ha pinchado una rueda —gimió Lali, cruzando el camino hasta el terreno de grava.
—¿Es eso lo que creo que es? —preguntó Daniela con un estremecimiento.
Una corona funeraria de crisantemos rosas y blancos descansaba contra el parabrisas frontal del coche. A Lali se le revolvió el estómago al ver la tarjeta con el consagrado mensaje escrito a mano: Descanse en paz. Se quedó petrificada en el sitio, mirándola con una mezcla de horror y perplejidad. Una horripilante sensación de amenaza le puso la carne de gallina.
—¿De qué se trata? —preguntó Tolly llegando a su lado, pero cuando vio la corona se detuvo en seco y su amable rostro se tornó en una expresión acongojada.
—¿Crees que es una broma? ¡Es espeluznante! —exclamó Daniela, retrocediendo varios pasos—. Creo que deberías llamas a la garda inmediatamente.
—¿La garda? —repitió Lali, preguntándose cómo era posible que la corona pareciera tan bonita y al mismo tiempo tan amenazadora.
—La garda... la policía —aclaró la joven—. ¡Despierta, Lali! Alguien debió de dejarla mientras estabas en las cuadras. Deberías llamar a esas mujeres que estaban instalando los obstáculos y preguntarles si han visto a algo.
Tolly ya se había retirado unos metros para llamar con el móvil.
—No, no llames a la policía —le pidió Lali—. Dame un momento para pensar.
—Me temo que ya he llamado a Peter. Él sabrá lo que hacer —dijo Tolly—. No permitamos que esto nos estropee el picnic.
Pero Lali se había quedado muy afectada y había perdido el apetito. En cualquier caso, Peter llegó a los cinco minutos. Examinó detenidamente la corona, le dijo a Tolly y a Daniela que no tocaran nada y sugirió que Lali y él hablaran en casa.
—Siéntate —le ordenó a Lali cuando estuvieron en su despacho de Lanzani Court—. Parece que has sufrido un shock.
—Tal vez porque no es esto lo primero que ha pasado.
Peter se apoyó contra el escritorio y mantuvo una actitud indignamente relajada mientras ella le hablaba del mensaje en la pared.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?
—No le di mucha importancia... Oh, por amor de Dios —le lanzó una mirada de arrepentimiento—. Seguramente me odies por decírtelo, pero en su momento pensé que había sido Daniela, porque sabía que estaba enfadada conmigo. Y no, ahora no sospecho de ella ni creo que tenga nada que ver con esa corona de flores. No es el tipo de persona que haga las cosas a escondidas.
—Estoy de acuerdo... Mi hermana es mucho más directa. No creo que tengamos que preocuparnos por la corona —le aseguró en tono lento y tranquilo—. Sin embargo, hay que informar a la garda. Y pediré también que comprueben el coche.
—No me gusta reconocerlo, pero estoy un poco nerviosa —murmuró Lali—. ¿Tienes alguna ex novia que fuera capaz de hacer cosas como ésta?
—Todo es posible —respondió él encogiéndose de hombros, dando a entender que tampoco había que preocuparse por las ex novias. A Lali esa actitud le resultó tremendamente reconfortante.
—No me gusta pensar que alguien ha sido lo bastante atrevido para dejar esa cosa en mi coche a plena luz del día —admitió ella.
Maass
ReplyDelete