—Entonces deja de ser tan delicado —lo apremió ella—. No estaremos soportando nada. Llévate a una mujer de clase media a un valle soleado de Italia, muéstrale una granja pintoresca con las comodidades básicas y se considerará una privilegiada.
—Eres la primera mujer que traigo aquí, a mhilis.
El placer por ser la primera fue rápidamente sofocado por el repentino deseo de ser la única mujer que llevara jamás a aquel lugar. Consternada por aquella desagradable certeza, se puso rígida.
Como si hubiera percibido su reacción tensa, Peter se inclinó y le dio un beso en los labios entreabiertos. Al instante ella se aferró a él, sintiendo cómo el deseo le recorría las venas como un torrente de fuego líquido.
Él cerró la mano en torno a las suyas y la llevó a las escaleras. Una brisa suave soplaba en el amplio rellano. Los postigos habían sido abiertos en el dormitorio principal. La enorme cama de madera estaba adornada con paneles pintados con flores y preparada con mullidas almohadas y sábanas blancas de lino.
—Me siento como si hubieran pasado cien años desde que te toqué por última vez —le confesó Peter—. Pensaba ir despacio, pero tengo demasiada hambre de ti como para esperar tanto —y diciendo eso la tomó con sus fuertes manos y le devoró los labios con apremiante ferocidad.
A Lali se le aceleró desbocadamente el corazón, como si él le hubiera introducido un código especial que activara todas sus hormonas. Peter llevó las manos por debajo de su camiseta y apartó el sujetador en busca de los pezones endurecidos. Lali se estremeció con un gemido ahogado y entrelazó los dedos en su espesa cabellera negra. Estaba frenética por sentir la fuerza abrasadora del cuerpo masculino contra el suyo.
—Si nos hubiéramos quedado en el coche, me habrían detenido por escándalo público —murmuró Peter, desnudando a ambos con una impaciencia que maravilló a Lali. Cuando su blanca piel femenina quedó expuesta, se detuvo para explorarla con la concentración de un amante experimentado y tremendamente sensual.
—Si me hubieras hecho esperar un minuto más, me habría muerto —respondió ella sin aliento, retorciéndose contra el lino blanco, atormentada por el deseo insaciable que Peter había desatado en su interior.
Peter la observó con ojos entornados.
—Quiero darte un placer infinito.
—Me basta con que sea placer —dijo ella, alzando su boca hacia él en un gesto de súplica. Estaba ardiendo de ávida necesidad.
Él la poseyó por sorpresa, penetrándola con ímpetu y rapidez. Una oleada de placer la anegó, pero antes de que pudiera recuperarse él se retiró y volvió a la carga. Su pasión era tan fiera y frenética que la escalada de placer fue tan vertiginosa como salvaje, y la excitación desbocada arrastró a Lali a un clímax incomparablemente glorioso.
En los minutos que siguieron, experimentó una deliciosa sensación de puro regocijo. Segura en los fuertes brazos de Peter, se sentía tan feliz que las lágrimas se escaparon de sus párpados.
Peter la mantuvo bajo él y se movió con satisfacción terrenal contra su piel húmeda y sensible. Aturdida por las secuelas del placer, Lali le ofreció una sonrisa lánguida. Él la besó suavemente en la frente. Su olor femenino bastaba para
embriagarlo. Su tacto, el modo en que se apretaba contra él... era asombroso. Quería
embriagarlo. Su tacto, el modo en que se apretaba contra él... era asombroso. Quería volver a poseerla, y le agarró firmemente las manos mientras la besaba.
—¿Otra vez? —preguntó ella con voz ahogada cuando él le permitió tomar aire.
—Otra vez.
Mucho más tarde Peter se había quedado dormido y ella estaba tendida sobre él, observándolo. Sus negras pestañas casi le tocaban los pómulos. Ofrecía un aspecto fabuloso desde cualquier perspectiva, decidió Lali. Su piel bronceada destacaba intensamente contra las sábanas blancas. Era una delicia mirarlo, y no podía apartar las manos de su poderosa figura.
Se preguntó cuándo se había enamorado de él, y se maravilló de haber podido ocultarse esa verdad incluso a ella misma. Sabía que quería poseer el cuerpo y el alma de Peter, y que ésa era una ambición aterradora destinada al sufrimiento y la decepción cuando volviera a poner los pies en la tierra.
Pero no había ninguna razón para permitir que la realidad estropeara el presente.
Tenía intención de vivir al máximo cada minuto que pasara en Umbria.
Me fascina la novela, pone mas
ReplyDeleteMee encantoooo
ReplyDeleteMaass😍😍😍
otroo
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