Wednesday, October 14, 2015

capitulo 124

—Tengo que pedirte un favor —murmuró Peter—. Como ya sabes, Lanzani Court está siendo reformada. Tengo un número de profesionales a mi servicio, pero debo confesar que me quedé muy decepcionado con los resultados de un programa familiar en mi otra casa de Kildare.
—Pero ¿por qué? Por lo que pude ver del interior, me pareció perfecta.
—Exactamente. Era como un museo. Quiero que Lanzani Court siga siendo un lugar cálido y acogedor, más que un patrimonio artístico. Es una vivienda privada, donde sólo recibiré a mis amigos más íntimos. ¿Querrías ser mi consejera en la redecoración del edificio?
Sorprendida, Lali le echó una mirada interrogativa.
—No estoy cualificada para dar mi opinión como diseñadora de...
Peter la hizo girarse hacia él y la tomó de las manos.
—Yo creo que sí lo estás. Me gustan los colores que vistes. Creo que tienes muy buen gusto. No te ofendas porque dijera que tu casa parecía un tugurio cuando tu prima vivía en ella. Tú has conseguido transformarla en una casa preciosa y acogedora.
A Lali se le escapó una carcajada involuntaria.
—Peter... ¡No puedo hacer que una mansión georgiana de quince dormitorios parezca acogedora!
—¿Por qué no? Posiblemente no sea «acogedora» la palabra adecuada. Deberías ser la máxima autoridad en el tema del color. No soy muy bueno en eso.
—Querrás decir que no estás interesado en eso... Una sonrisa de reconocimiento curvó los labios de Peter sin el menor escrúpulo.
—Me conoces demasiado bien. ¿Te preocupa el factor tiempo?
—Bueno, no. No había llegado tan lejos...
—No tienes de qué preocuparte. Si aceptas, mantendría al encargado actual en las cuadras para que tuvieras más tiempo libre que dedicar a la mansión.
—¿Por qué me pides que haga esto? Tiene que haber miles de personas a las que elegir.
—No. Sólo confío en un círculo muy selecto de personas —respondió él mirándola fijamente—. Es una petición personal, y nada frecuente en mí. Admito que hasta ahora me negaba a hacerle una propuesta semejante a una mujer...
Lali frunció el ceño con perplejidad.
—¿Por qué?
—Sé que si tú aceptas no lo harás pensando que es el preludio a las campanas de boda —explicó él secamente.
La fuerza de voluntad impidió que a Lali se le congelara la sonrisa.
—Yo jamás me casaré —declaró él.
El dolor y la vergüenza se combinaron en un fuerte deseo de abofetearlo. ¿Por qué le estaba hablando así?

No comments:

Post a Comment