El padre Estrella, pensó Lali al fijarse en el alzacuello y la desastrada chaqueta negra.
—No he podido evitar oír su conversación en la tienda. Debe de estar siendo un día muy duro para la señora Tolly —afirmó el sacerdote en un valiente intento por quitarle importancia al asunto—. Estoy seguro de que no pretendía decir lo que ha dicho...
—Tolly... —Lali frunció el ceño con sorpresa al repetir el nombre familiar—. ¿La mujer de la tienda es pariente de Joseph Tolly?
—Por supuesto —confirmó el sacerdote—. Sheila está casada con el hijo de Joseph, Robert.
—Tolly no me dijo que tuviera ningún hijo.
—¿La veré pronto en misa? —se limitó a preguntarle el padre Kearney.
—No me educaron como a una católica, padre.
—Eso no es culpa suya —dijo él con un brillo en sus grandes ojos cafe—. —La capilla siempre está abierta y será un placer recibirla.
De vuelta a casa, Lali se detuvo un momento a admirar el estiloso letrero bajo el castaño que ahora indicaba Cuadras de Lanzani Court. El viejo camino que pasaba por detrás de la casa se había vuelto a abrir y a pavimentar, y rodeaba el pie de la colina flanqueado por viejas hayas hasta los soberbios establos.
Aparcó en el exterior de la propiedad y cruzó a pie la entrada hacia su oficina, equipada con un ordenador y un teléfono. Las paredes de piedra protegían del frío, y Lali ya había comprobado la conveniencia de dejar el fuego encendido en la vieja chimenea.
Peanut y Sansón abandonaron la alfombra al instante para ofrecerle una ruidosa bienvenida, al tiempo que el teléfono empezaba a sonar.
Era Daniela, que había llamado a Lali casi a diario desde que volviera al internado.
Como de costumbre, la joven la acribilló a preguntas sobre los caballos y las cuadras.
—¿Qué tal el nuevo letrero?
—Fantástico. Tenías razón... Ese chico es un verdadero artista —respondió Lali, entusiasmada con el trabajo que había realizado el diseñador recomendado por Daniela. A petición de la chica, que le dijo que había perdido el diccionario, le dio el significado de varias palabras.
—¿Sabes algo de Peter? —le preguntó Daniela con impaciencia.
—No —Lali sonrió, preguntándose a quién trataba de engañar con su falsa indiferencia.
—Hagas lo que hagas, no lo llames —le advirtió Daniela muy seria.
—No lo llamaría ni aunque me estuviese ahogando —le aseguró Lali, pero enseguida se avergonzó del comentario y apretó los labios con la esperanza de que Daniela lo pasara por alto.
—Deberías buscarte a otro chico y salir con él por Ballyflynn... pero no con Gas.
—Daniela... no sé de dónde has sacado la ridícula idea de que estoy desesperada porque me llame tu hermanastro. Es mi socio, y si quiere quedarse al margen y dejar que yo me ocupe sola de las cuadras, por mí estupendo.
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