Friday, October 9, 2015

capitulo 72

—Para esto soy una cría —admitió Lali alegremente—. El agua es tan cristalina que es como contemplar un mundo marino en miniatura.
Cuando se irguió, Peter la atrajo hacia él y le cubrió los labios con un beso apremiante y devastador. La fuerza terrenal de su pasión la asustó y la excitó al mismo tiempo. Una flecha de fuego le traspasó el vientre, desencadenando una reacción que la estremeció por entero.
Él le tomó el rostro entre las manos y le clavó una mirada de ferviente deseo.
Lali sentía una tensión y un calor insoportable. Su propia respuesta la asustaba, pero nada era comparable al tormento que le provocaba estar separada de él aunque sólo fuera un centímetro. Intentó apretarse contra él, buscando a ciegas el contacto que su cuerpo ansiaba.
Peter soltó un gemido ronco y masculino y, apoyándola de espaldas contra las rocas, volvió a tomar febril posesión de su boca mientras ella se aferraba a sus hombros robustos. Entrelazó los dedos en sus mechones negros y deslizó una mano experta por debajo de su chaqueta y su camiseta para llegar a la punta endurecida y ultrasensible de un pecho. A Lali se le escapó un gemido de la garganta y emitió un agónico jadeo en busca de aire bajo los depredadores labios de Peter.
Entonces su teléfono móvil empezó a sonar y ella se puso rígida. Una llamada era lo último que se esperaba en esos momentos.
—No contestes —le ordenó Peter, acariciándole el labio inferior hinchado con el pulgar. Sus fascinantes ojos verdes mantenían cautiva a Lali, cuyo cuerpo seguía temblando de abrasadora pasión—. Vamos a Lanzani Court para disfrutar de un largo y tranquilo desayuno.
Pero la urgente necesidad de responder siempre al teléfono estaba demasiado arraigada en Lali como para poder ignorarla. Quien llamaba era Davis, para decirle que debía volver cuanto antes a las cuadras.
—No sabía que habíamos estado fuera tanto tiempo —dijo Lali cuando finalizó la llamada—. Tengo que darme prisa... Hay una clienta esperando.
Peter la miró con una expresión de profundo desconcierto a la que sobraban las palabras.
—Es una nueva clienta —se apresuró a añadir Lali en tono de disculpa, avergonzada por su poca disposición a dejarlo—. Ha llegado con antelación y...
—Entonces no es problema tuyo —dijo él.
—Pero será un problema si esta señora decide llevar sus caballos a otra parte.
—Deja que Davis se ocupe de ella.
Los negros ojos de Lali apelaban a su comprensión.
—Estoy vendiendo un servicio, y esta mujer tiene todo el derecho a recibir mi atención personal en su primera visita.
—Pero esto es una locura.
—Me va a costar mucho trabajo conseguir una clientela suficiente. No puedo evitar imprevistos como éste.
—Creía que te habías venido a Irlanda para llevar un estilo de vida más sencillo.
—Ese estilo de vida se volvió mucho más complicado cuando decidí asociarme y aumentar mi margen de beneficios —replicó ella con pesar.
—Si eso es todo lo que te inquieta, cóbrate las pérdidas de mi parte de ganancias —le sugirió él.

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