Friday, October 9, 2015

capitulo 73

Aquella oferta, formulada con tanta despreocupación, angustió aún más a Lali.
—Por favor, no digas eso...
Peter, la tomó suavemente de la mano.
—Deseas estar conmigo. ¿Crees que no lo sé?
 Lali se apresuró a retirar la mano.
—¡Pero no hasta el extremo de permitir que pagues por mi tiempo!
Su móvil empezó a sonar otra vez justo cuando llegaba a las cuadras.
—Discúlpame... Estoy mal acostumbrado a conseguir siempre lo que quiero y cuando quiero —admitió él, aunque sin parecer en absoluto avergonzado—. ¿Cenamos juntos esta noche?
La expresión angustiada desapareció de los ojos de Lali en cuanto oyó la invitación, formulada con aquella voz tan profunda y sensual.
—De acuerdo.
Tan excitada como una adolescente, y embarazosamente avergonzada por la realidad, Lali acabó su jornada laboral tan pronto como pudo y volvió a casa para rebuscar en su armario y pintarse las uñas. Justo a las ocho en punto Peter hizo sonar la bocina de su coche para avisarla de su llegada, pero Lali entró en la cocina en vez de abrir. El orgullo le exigía que no respondiera al primer bocinazo. Pasaron dos minutos angustiosamente lentos. Quería ir a la puerta, pero sentía que no podía. Para distraerse, le arrojó la pelota a Peanut.
Se quedó perpleja cuando la puerta trasera se abrió, pues había olvidado que no estaba cerrada con llave. La aparición de Peter, impecablemente vestido con un traje de raya diplomática y una camisa de seda, provocó un estallido de frenéticos ladridos de Sansón, que enseguida intentó congraciarse con el recién llegado.
—He visto cómo te escondías en la cocina —dijo Peter, mirándola impertérrito.
Lali se puso tan colorada como una colegiala a la que hubieran sorprendido en una travesura.
Peter ladeó la cabeza y siguió escrutándola a fondo, irradiando un perfecto control masculino.
—¿Es posible que estés intentando amaestrarme?
Lali intentó adoptar una expresión seria, pero la ironía de Peter fue demasiado para ello y no pudo evitar una carcajada.
Peanut dejo caer la pelota a los pies de Peter, esperanzada.
—¿Por qué tienes un cerdo en tu cocina? —preguntó él con admirable calma.
—Calla... Peanut no sabe que es una cerdita. Cree que es una perra.
Peanut empujó la pelota con el hocico hasta los zapatos italianos de Peter, quien la apartó de un puntapié. Cansada de su intransigencia, la cerdita volvió a atrapar la pelota y la dejó caer encima de su pie.
—Creo que ella también intenta amaestrarme —dijo él con un brillo de regocijo en los ojos, y arrojó la pelota sobre el suelo embaldosado.
Con una exagerada galantería que hizo sonreír a Lali, la hizo subir al espléndido deportivo que estaba aparcado fuera. Lali tuvo que mirar el logo con los ojos entornados para identificarlo como un Lamborghini, lo que la impresionó aún más.
Peter la llevó a un pequeño restaurante con vistas a una cala de agua tan resplandecientemente azul que podría pasar por una laguna tropical. Parecían ser los
únicos clientes, y el personal era tan silencioso y discreto que Lali no consiguió ver a la persona cuya mano le llenaba la copa de vino.

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