—Davis dice que las cuadras atraen muchas visitas, así que un coche más no llamaría la atención.
—¿Crees que es buena idea celebrar la gincana mañana?
—¡Pues claro que sí! —respondió él con vehemencia—. Te preocupas demasiado. Estoy seguro de que esto no ha sido más que una broma pesada.
En cuando dejó a Lali, Peter fue a ver a Davis para ordenarle que no perdiera de vista a Lali hasta que sus propios hombres estuvieran allí para vigilarla. A continuación, llamó a su personal de seguridad y los puso al corriente de los hechos, haciendo especial hincapié en sus sospechas de que alguien había abierto la verja y dejado salir los caballos la otra noche. Enfatizó también la necesidad de mantener la discreción, pues no quería que Lali se alarmara, y encargó que unos cuantos hombres vigilaran la gincana. Luego, condujo hasta casa de Lali y llegó a tiempo de pillar a Stefano.
Un rato después los dos hombres se despidieron, tras haber acordado cómo había que tratar la situación. La opinión que Stefano tenía de Peter había mejorado considerablemente...
La primera sorpresa de Lali llegó cuando Stefano se levantó al amanecer e insistió en acompañarla. Y aún la sorprendió más cuando le quitó la escoba de las manos y le dijo que él se encargaría de barrer el patio hasta dejarlo impecable.
Un bonito ramo de flores la esperaba en la oficina. La tarjeta llevaba la inconfundible firma de Peter, y Lali se encontró a sí misma sonriendo de oreja a oreja. Tras el desagradable incidente del día anterior, aquel ramo era todo un detalle por parte de Peter, y Lali no pudo dejar de pensar en él. No se había disculpado, pero ella tampoco había sabido excusarse por haberlo llamado con el nombre de Benjamin. De modo que estaban empatados, decidió tristemente. Si él la hubiera llamado Mary y a continuación hubiera acogido a una invitada en su casa, ella también habría tenido sus dudas y se habría cerrado en banda. Después de haber visto el comportamiento mezquino de Benjamin, no se habría arriesgado a exigir una explicación.
Peter la llamo al móvil mientras ella estaba comprobando el recorrido de la carrera de obstáculos.
—¡Las flores me han encantado! —exclamó en cuanto reconoció su voz, pero enseguida puso una mueca de disgusto por ser tan impresionable.
—Esperaba que te gustasen. He encargado ayuda para ti.
—Oh, no es necesario —se apresuró a decir ella.
—Alguna vez deberías recordar que soy tu socio —murmuró él perezosamente—. Han empezado las vacaciones y hace un tiempo espléndido. Le has dado mucha publicidad a la gincana, de modo que asistirá mucha gente.
—Eso espero.
—Una gran asistencia de público exige una supervisión metódica y exhaustiva para tenerlo todo a punto. Mi personal ha hecho algunos arreglos para cubrir todas las contingencias. Lo único que tienes que hacer es aceptar la ayuda discreta de los organizadores y expertos que he contratado.
Maass
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