Tuesday, October 13, 2015

capitulo 120

A Lali le encantaba la nueva sensación de confianza que tenía con Peter, pero no pensaba decírselo. Después de todo, él podría haberse olvidado de lo que había admitido en el calor del momento cuando la salvó de ser atropellada por el coche de Gemma, y ella no estaba dispuesta a recordarle que había confesado haber utilizado a Frankie Millar para darle celos. Sin embargo, aquella revelación había tenido un efecto asombroso en su amor propio.
Peter volvió a la estrecha carretera que serpenteaba entre altas montañas, y finalmente se desvió en lo que parecía un camino cubierto de hierba flanqueado de castaños. Las amapolas y la retama florecían en la hierba crecida. Un tejado rojo cubierto de lino apareció en la distancia y Lali se inclinó hacia delante para observarlo. Bajo el techo de terracota se extendía una construcción alargada de piedra, con ventanas a diferentes alturas y sin ningún tipo de orden ni simetría. La granja ofrecía un encanto suave y maduro para el que no parecía pasar el tiempo.
—¿Es ésa? —preguntó Lali dubitativamente.
—Ésa es... La fattoria Lanzani. ¿Qué te parece?
Lali ya se estaba bajando del coche para contemplarla de cerca.
—Es como volver atrás en el tiempo.
—Valente nació aquí.
Ella se dio la vuelta con los ojos muy abiertos.
—¿En una granja? ¿Tu padre, el implacable hombre de negocios? ¡Me estás tomando el pelo!
—Te aseguro que no. Era el hijo mejor y odiaba la vida en el campo. Se marchó de aquí en desgracia y nunca volvió.
—Por lo que cuentas de él, parece que fue desgraciado en todas partes. ¿Qué fue lo que hizo?
Peter abrió la deteriorada puerta de roble y Lali miró a su alrededor con gran interés. Se habían combado unas cuantas piezas de mobiliario antiguo y rústico, pero todo estaba en orden. La decoración había sido reducida a la belleza desnuda de la vieja madera y las bastas paredes.
—Valente hizo su fortuna engañando a la gente con varios negocios. Era lo bastante listo como para librarse siempre de ir a la cárcel —le contó Peter con cierto sarcasmo—. Entonces se casó con la hija de un vecino por su dinero y la abandonó en Roma cuando ella estaba embarazada. Ella era demasiado orgullosa para volver con su familia y murió al dar a luz, al igual que su hijo, sola y destrozada. Mis abuelos estaban tan avergonzados que repudiaron a mi padre.
—Pero ahora es tu casa, así que debes de haberlos conocido.
—Conocí a mi abuela antes de que muriera, hace cinco años. Dos de sus hermanas le sobrevivieron, y también muchos pariente suyos. Y ahora ocupémonos de cosas prácticas —comentó con regocijo—.Como podrás ver, las comodidades de esta casa son muy básicas, pero no tenemos por qué quedarnos aquí si no quieres. ¿Estás dispuesta a soportarlo conmigo?
—¿Hay agua corriente y cuarto de baño?
—Por supuesto.

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