Tuesday, October 13, 2015

capitulo 119

—¿Que cómo es mi casa de campo? —repitió Peter con una sonrisa—. Dejaré que te formes tu propia opinión.
El avión aterrizó en Galileo Galilei poco después del amanecer, y habían salido de Pisa en un todoterreno que había estado esperándolos en el aeropuerto. Lali había pasado durmiendo casi todo el vuelo y aún se sentía un poco soñolienta, pero se volvió hacia Peter con una sensación de intenso placer.
—Será muy vieja, muy grande y muy lujosa —se aventuró a decir.
—Espera y verás.
Lali pensó por un momento en Gemma Barton. Después de hablar con Stefano, había decidido no presentar cargos contra la joven. Gemma había admitido todo lo que había hecho y había accedido a ingresar en una institución psiquiátrica para iniciar un tratamiento. Sus padres se la habían llevado a Inglaterra con ellos. Peter no había estado de acuerdo con aquella muestra más de compasión, pero, en honor a la verdad, no se había entrometido.
Dejaron atrás la autovía y siguieron por una tortuosa carretera rural que ascendía por la ladera de una montaña con el pico nevado. A un lado el terreno caía en un profundo barranco cuyas abruptas paredes estaban cubiertas de árboles. Mirando abajo, a Lali le dio un vuelco el estómago, pero Peter era un verdadero italiano que conducía con la misma seguridad y destreza que si estuviera en una vía recta y llana. Por encima de sus cabezas el cuelo era de un color azul tan radiante que la hizo parpadear.
—¿Sabes... que aún no me has besado? —se oyó a sí misma decir.
Peter le lanzó una mirada sorprendida y se echó a reír.
—Estaba siendo respetuoso. Anoche estabas rendida y cubierta de magulladuras...
—No estaba cubierta del todo —replicó ella.
Peter no necesitó más provocación. Detuvo el coche en un mirador con unas increíbles vistas al valle, se desabrochó el cinturón de seguridad y se inclinó hacia ella, todo en un único movimiento fluido e ininterrumpido. Sus ojos llameantes le recorrieron el rostro ardiente.
—Te estás insinuando... Y eso me gusta...
—¿En serio? —estaba tan desesperada por sentir su boca que un hormigueo de anticipación le recorría todo el cuerpo.
—Tenía otra razón para contenerme —añadió él con voz ronca—. Si te hubiera besado, no creo que hubiese podido parar.
Lali sintió cómo una ola de calor le invadía la pelvis y se removió en el asiento, acercándose un milímetro a él.
Peter le apartó un mechón negro de la frente.
—No te asustas con facilidad, ¿verdad?
—No —respondió ella con un hilo de voz. La intensa sexualidad que emanaba la cercana presencia de Peter la dejaba sin respiración y le aceleraba el pulso.
Peter descendió con su boca hacia ella, y Lali sintió una punzada de ferviente deseo que la hizo estremecerse. El beso fue tan dulce y le creó tal adicción que le hizo anhelar el siguiente antes de que el primero se hubiera terminado.
Peter volvió a levantar la cabeza, respirando agitadamente.
—Quiero seguir esto en la comodidad de mi propia cama.
—Aguafiestas —le recriminó ella con los labios hinchados.
—Libertina —contestó él, con una sonrisa que revélo sus dientes perfectos y blancos mientras volvía a acomodar a Lali en el asiento.

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