Tuesday, October 13, 2015

capitulo 117 y 118

—¿También crees que fue ella la responsable de eso? —preguntó Lali, horrorizada.
—Tuviste suerte. Cualquiera de esos caballos podría haber provocado un grave accidente en el que alguien hubiera resultado herido.
—Lo sé, pero Gemma Barton tiene problemas. Necesita ayuda más que un castigo...
—Entonces, cuando ataque a la próxima novia de Stefano, recaerá sobre tu conciencia haber sido demasiado blanda para denunciarla.
Lali se estremeció por la advertencia.
Peter aparcó en Lanzani Court y Lali parpadeó con sorpresa.
—Creía que ibas a llevarme a casa.
—Han estado a punto de atropellarte, y en estos momentos siento la anticuada necesidad masculina de vigilarte de cerca. En cualquier caso, el médico llegará pronto.
A Lali no le gustó nada comprobar que le temblaban las manos.
—¿Qué me pasa?
—Has sufrido un shock. No soportas la idea de haberle causado una molestia a alguien, por pequeña que sea, y por eso intentas actuar como si nada hubiera ocurrido. Pero te has llevado un buen susto, te has hecho daño y estás conmocionada. Tu reacción es perfectamente normal.
Atónita por lo bien que parecía conocerla, Lali no discutió y se concentró en intentar que sus dientes dejaran de castañetearle. Sin decir palabra, Peter la levantó en brazos y la llevó hasta una sala de estar, amueblada en azul claro, y la acomodó suavemente en un sofá. Tomó el paño de mohair del brazo y lo usó para taparla.
Sansón saltó al sillón que había al lado y se acurrucó, y Peanut se estiró bajó una silla cercana y observó el territorio desconocido con sus ojos pequeños y brillantes.
Peter fue a encargar el té, llamó a su jefe de seguridad, lo que le llevó un buen rato, y volvió a la sala para descubrir que Lali se había quedado dormida. Aprovechó para hacer varias llamadas más y para observarla detenidamente mientras dormía, preguntándose cuáles eran las cualidades que la hacían distinta a todas las mujeres a las que había conocido.
Físicamente daba la talla, reflexionó. Rostro, pelo, forma,  peso... Aunque nunca se había sentido atraído por una mujer como ella, Lali era, de algún modo, un compendio preciso y perfecto de todo lo que a él más le gustaba. Disfrutaba contemplándola, tan natural, desprovista de esa acuciante necesidad por causar buena impresión con su ropa o sus palabras. También había en ella una inocencia confiada que Peter encontraba fascinante. Su compasión hacia Gemma Barton lo había irritado sobremanera, pero al mismo tiempo admiraba su bondad y generosidad.
De repente frunció el ceño, alarmado por la profundidad y el cariz que estaban tomando sus pensamientos. Lali le gustaba, y era muy extraño que a él le gustara de verdad una amante. Pero ¿y qué?
El médico era un señor mayor, de carácter franco y enérgico. Lali tenía magulladuras en un costado del cuerpo y sufriría molestias durante un día o dos. Añadió que también presentaba todos los síntomas del estrés por el exceso de trabajo y que necesitaba descansar más.
—Para ser una mujer que ha venido a Irlanda para llevar un estilo de vida más sencillo y relajado, no se puede decir que lo estés cumpliendo a rajatabla —comentó Peter cuando volvieron a quedarse solos.
—Me encanta lo que hago y me encanta mi hogar. Pero puede que haya subestimado la cantidad de trabajo que implicaba levantar un negocio.
—Qué diplomática eres... Estás obligada a trabajar el doble de duro para compensar el hecho de que yo posea la mitad de la finca.
—Eso no me importa. Soy feliz —replicó ella alegremente—. Siento haberme quedado dormida.
—Estabas en el sofá, no en mi cama, así que estás perdonada.
A Lali se le pusieron las mejillas coloradas. Peter le clavó la mirada de sus sorprendentes ojos esmeralda.
—Quiero estar contigo en algún lugar donde podamos disfrutar de paz e intimidad. Tengo una casa de campo en Italia, que está situada en un sitio muy tranquiló. Me gustaría llevarte allí.
—Yo... me siento halagada...
—Bien. Lo único que tienes que hacer es preparar el equipaje, aunque ni siquiera eso es necesario. Será un placer para mí comprarte todo lo que necesites. Saldremos en unas pocas horas.
A Lali le costó medio minuto asimilar la asombrosa declaración.
—Por amor de Dios... ¿Yo holgazaneando por Italia sin más? Es una idea maravillosa y alocada, pero sé sensato... ¡No puedo dejar las cuadras!
—Claro que puedes. Como socio tuyo, tengo la misma responsabilidad que tú. Has trabajado tan duro que estás agotada, mientras que yo no he hecho nada hasta ahora. Pero eso va a cambiar. Lo he preparado todo para que un encargado se ocupe de las cuadras mientras estás fuera, y Davis traerá ayuda del pueblo. Tolly se ha ofrecido para cuidar de tus animales...
Lali lo miró con una mezcla de incredulidad y frustración.
—Peter...
—Te encantará Italia —le aseguró él con voz ronca—. ¿Qué tiene de malo una idea maravillosa y alocada? ¿Y cómo definirías tú lo que es sensato? ¿Decir que no a lo que promete ser muy divertido? Hoy podrías haber muerto, y en ese caso nunca más habríamos podido estar juntos.
Soltó aquella dramática declaración con un tono tan divertido que Lali se echó a reír. Pero en otro nivel más profundo no pudo sino apreciar la incuestionable verdad que había expresado en voz alta. Aparte de unas magulladuras, estaba sana y salva, y debía aprovechar la segunda oportunidad que le daba la vida. Y desde luego, sería una lástima desperdiciar la ocasión de ir a Italia con Peter sólo por ser demasiado sensata.
—Es muy simple. ¿Quieres estar conmigo? —le preguntó él tranquilamente—. ¿O no?
Y tenía razón: era así de simple. En apenas un segundo, Lali decidió lo que quería hacer.

1 comment: