Tuesday, October 13, 2015

capitulo 115 y 116

Stefano rompió la relación, pero ella se lo puso tan difícil que él se alegró de irse de gira con el grupo. Evidentemente, ella lo siguió hasta Irlanda y asumió que tú eras su última conquista.
—Oh, cielos... —murmuró Lali, mirando el rostro pálido y adusto de su hermanastro mientras permitía que Peter la ayudará a subir al coche—. ¿Por qué no se me ocurrió que era él a quien se refería la pintada del establo?
—Sospecho que imaginaste que yo me merecía una acosadora más que él.
Lali se quedó horrorizada al sentir cómo le temblaba el labio por aquella respuesta.
—¿Cómo sabes tú más de esto que yo? —le preguntó—. Oye, ¿por qué estoy en tu coche?
—Porque yo te he hecho subir —respondió él sosegadamente.
—Pero no puedo dejar la gincana —arguyó ella mientras Stefano subía al asiento trasero.
—Sí, claro que puedes. Mi personal está más que capacitado para encargarse de todo. Tiene que verte un médico...
—No...
—Y denunciar a la garda a esa mujer que ha estado acosándote.
—Gemma...
—No intentes humanizar a la psicópata que ha estado a punto de matarte —la censuró Peter con despiadada frialdad—. ¡Hace cinco minutos casi te atropelló!
—Pero eso fue un accidente. Ella no me vio. Yo me puse delante del coche sin darme cuenta. Le vi la cara y tenía el rostro desfigurado por las lágrimas y el dolor. Ni siquiera estaba mirando al frente.
—¿Crees que eso me hace sentir mejor? Discúlpame... Volveré enseguida. Stefano, asegúrate de que tu hermana no va a ninguna parte.
—Descuida —respondió Stefano como un alumno obediente.
—¿Vas a permitir que Peter te diga lo que tienes que hacer? —le recriminó Lali.
—No me gustaría que los medios de comunicación se enteraran de esto —admitió Stefano gravemente—. Gracias a Peter la situación está bajo control. Ha hecho que su gente te esté vigilando desde ayer.
—¿De qué estás hablando?
—Los organizadores de eventos no suelen ser tan robustos. Casi todo el personal que ha estado ayudándote hoy forma parte de su equipo de seguridad.
—No tenía ni idea. Pero antes de que vuelva Peter, hablame de Gemma y de lo que pasó entre vosotros. Para empezar, ¿quién es ella?
—Es la hija de un acaudalado constructor. Cuando empezamos a salir ella era muy divertida, pero aquello no duró. Empezó a escuchar mis llamadas y a montar escenas de celos. Me robó una llave de mi apartamento y se presentaba a todas horas sin avisar. No sabía cómo tratarla, así que rompí con ella. Amenazó con quitarse la vida. Hablé con sus padres y se mostraron muy comprensivos, pero aun así me sentía culpable.
—No tenías por qué —le dijo Lali.
Estaba impresionada de que Stefano hubiera intentado ayudar a Gemma incluso después de que ella se convirtiera en un problema tan engorroso—. ¿Cómo descubrió que estabas en Irlanda?
—Eso también fue culpa mía. Me llamó para invitarme a su fiesta de cumpleaños y yo le dije que me resultaría imposible asistir porque estaba en el extranjero. Parece que consiguió los detalles de un amigo que tenemos en común, quien no sabía lo que había pasado con Gemma. Me quedé destrozado cuando Peter me contó anoche lo que estaba sucediendo. Ojalá me hubieras contado lo de la amenaza en la pared. Verás, creía haber visto a Gemma en Dooleys, pero supuse que me había confundido...
Lali frunció el ceño.
—¿Cuándo viste anoche a Peter?
Pronto se dio cuenta de lo engañosa que había sido la aparente despreocupación de Peter. Una vez que Stefano hubo confesado que era posible que fuese su ex novia la responsable de todo, Peter había insistido en tomar todas las precauciones necesarias.
—Dijo que su instinto lo empujaba a cancelar la gincana, pero que a largo plazo estarías más segura si Gemma salía de su escondrijo y se la atrapaba. Su equipo de seguridad tenía una foto suya y la hizo circular. Yo llamé a sus padres anoche y ellos me confirmaron que estaba por aquí. Estaban haciendo los preparativos para volar hasta aquí y llevársela a casa.
Peter abrió la puerta trasera del Range Rover y depositó a Peanut en el maletero.
Lali oyó el gruñido de la cerdita y giró la cabeza sorprendida.
—¿Has encontrado a Peanut?
—Sabía que los tendrías contigo —dijo él. Abrió la puerta del copiloto y sacó a Sansón del bolsillo interno de su Barbour—. Los hombres de verdad no suelen llevar chihuahuas en público, a thaisce —le dejó al perrito en su regazo—. Bueno, ya tenemos a una cerda y a un perro a bordo. Supongo que no querrás tener también al gallo, ¿verdad?
—¿Albert? —preguntó ella riendo—. ¿Cómo has sabido lo de Albert?
Peter arqueó una de sus aristocráticas cejas.
—Su fama se ha extendido.
—Es un ave doméstica a la que le gusta pasearse por la finca. No le gustaría nada que lo montaras en el coche.
El móvil de Stefano empezó a sonar. Al responder, murmuró una disculpa al tiempo que se bajaba del Range Rover y les dijo que se fueran sin él.
—Tú eres su hermana. Dile que tiene que aclararlo todo con los padres de Gemma Barton —dijo Peter—. No puede estar en ambos lados.
—¿Cómo sabes que son los padres de Gemma con quienes está hablando?
—Un sexto sentido. Stefano debería retirarse a tiempo. Gemma será arrestada y acusada de...
—De nada que me haya hecho a mí. No pienso denunciarla sólo por una ridícula amenaza en la pared y una corona de flores.
—Stefano cree que ha estado en el interior de la casa también. Estoy seguro de que fue ella quien dejó salir a los caballos.

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