—No me imagino cuál puede ser —replicó ella en tono mordaz.
Peter levantó tranquilamente uno de sus anchos hombros.
—Mi intención era discutir esta opción de inmediato, pero preferiste exponer primero tu caso.
A Lali le ardían las mejillas. La sorprendía que la furia no la hiciera levitar.
—Vamos —dijo él—. Sube al coche y te mostraré cuál es la alternativa.
Lali respiró lenta y profundamente y subió al asiento de cuero del Range Rover. Sospechaba que estaba a punto de ser ceremoniosamente eclipsada y que él iba a demostrar una habilidad insuperable para conseguirlo. Pero entonces recordó un tema que podía sacar.
—Esta mañana te he visto con Daniela en el pueblo —dijo con toda la despreocupación de la que fue capaz.
—Y esta tarde voy a acompañarla personalmente de vuelta a su internado. No tenía ni idea de que la habían expulsado —declaró Peter, echándose para atrás en el asiento y observándola atentamente—. Varias personas han estado conspirando contra mí para que no me enterara. Si la directora del colegio no me hubiera enviado una segunda carta, seguiría sin saber nada.
—¿Qué opina su madre de todo esto?
—Su madre es una alcohólica que ha fracasado repetidas veces en su rehabilitación. Yo soy el tutor legal de Daniela. La metí en el internado porque el ambiente de su casa era insoportable. Las vacaciones las pasa con su hermana.
Lali estaba atónita.
—No tenía ni idea... Viene a menudo a los establos. Está loca por los caballos y es muy buena con ellos. ¿Por qué la han expulsado?
—Por mal comportamiento, rebeldía, desobediencia... En los últimos tres años ha estado en cuatro colegios diferentes.
—¿Es posible que se haya quedado atrás y los estudios le resulten demasiado duros?
—Lo dudo.
—Aun así, no pasaría nada por hacerle una prueba.
Peter se echó a reír y llevó el Range Rover a la carretera.
—¿Por qué? ¿Por ser una adolescente?
Lali se reprendió a sí misma por sospechar que Peter tal vez no fuera consciente de las dificultades que tenía su hermanastra para expresarse por escrito.
No era raro que prefiriera mantener aquel asunto en secreto.
Sacó un pedazo de papel del bolsillo y apuntó su número de teléfono.
—Dile que los caballos echan de menos sus atenciones y que si tiene tiempo para llamarme me encantaría saber de ella —dijo, dejando el papel en el salpicadero.
Peter no hizo ningún comentario y entró en Lanzani Court por la verja junto a la que vivía Tolly. ¿A Lali le gustaba Daniela? Eso sí que era una sorpresa. ¿Y Daniela era buena con los caballos? Nunca se lo habría imaginado. Hablar con su hermanastra suponía más dolor que otra cosa. Tendría que exigirle una explicación por su última falta; a ella le entraría un arrebato de mal humor, se echaría a llorar y se negaría a
hablar, y entonces él dictaría sentencia. Había desistido de hablarle sobre los valores de la educación y la recompensa que proporcionaba el buen comportamiento en lo que se refería a respeto y privilegio. Ahora regían la fuerza de la autoridad y las amenazas. Pero no había sido ésa su intención.
—¿Adonde me llevas, si puede saberse? —le preguntó Lali.
—Ten paciencia.
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