El largo camino pasaba por una espléndida avenida de altos cedros antes de bajar por una suave pendiente hasta una vasta edificación amurallada que quedaba completamente oculta a la vista desde la casa de Lali.
—No sabía ni que existía —dijo ella mientras pasaban por debajo de una vieja entrada de piedra en forma de arco.
—Sólo es visible desde el mar.
Cuando el coche se detuvo en la amplia extensión de adoquines, los ojos de Lali se abrieron como platos.
—Oh, Dios mío... —murmuró con un hilo de voz. Abrió con impaciencia la puerta y salió del coche para mirar de cerca.
Era un patio magnifico donde el tiempo parecía haberse detenido, pues toda la mampostería y puertas estaban impecables. No había ningún hierbajo a la vista, y ni un solo adoquín fuera de lugar. Fascinada, se paseó bajo las arcadas que se alineaban a tres lados del patio. Las cuadras habían sido reformadas según los criterios modernos básicos, con agua, alcantarillado y detector de humos. De igual interés era la espaciosa, sala que se abría bajo las imponentes columnas dóricas, en el extremo más alejado. Qué tienda tan maravillosa se podría montar allí, pensó Lali al instante, mirando por las ventanas.
—¿Qué te parece?
La pregunta la sacó de su ensoñación. Se dio la vuelta y vio a Peter apoyado en el capó del Range Rover con una sonrisa dibujada en su irresistible boca.
—¿Tú qué crees? —estaba tan alucinada por las fabulosas posibilidades que ofrecía aquel lugar que apenas podía hablar—. ¿Cómo es que está todo en tan buen estado?
—¿A diferencia de Lanzani Court, quieres decir? —preguntó él—. Este lugar me ha pertenecido desde hace mucho tiempo. Hace unos quince años empecé a comprar partes de la propiedad original siempre que se ponían a la venta. Pero la casa perteneció a mi padre hasta su muerte.
—Entonces, ¿por qué tu padre no la mantuvo?
—Había sido el hogar de la familia de mi madre, y tan grande era el amor que mi madre le tenía a la casa como el odio que mi padre le guardaba. Valente siempre se dejaba llevar por sus impulsos, y ninguno de ellos albergaba la menor caridad.
Lali estaba sorprendida por la absoluta indiferencia con la que Peter comentaba la maldad de su padre.
—¿Tus padres no se llevaban bien?
—Estaban divorciados.
¿Sería posible que la influencia más perversa pudiera haber condenado la casa de la colina al abandono y la ruina? Ahora Lali podía ver las cuadras desde otra perspectiva. Tal vez Peter no mostrara ninguna emoción, pero la fuerza del vínculo
a la casa de su madre, y posiblemente también a su recuerdo, se manifestaba en el excelente estado de conservación de aquellos edificios.
—¿Por qué me has traído a ver este sitio?
masssssssss
ReplyDeleteOtrooo 😀
ReplyDelete