Thursday, October 8, 2015

capitulo 68

—De acuerdo... finge que no hay nada más si eso te hace sentir mejor —el disgusto de Daniela por lo que ella había malinterpretado como un desaire era evidente—. Peter está jugando a lo mismo.
Pero no había ningún juego, pensó Lali con tristeza, cediendo finalmente a la insistencia de Peanut y arrojándole una pelota al patio para que la cerdita corriera a cazarla. El silencio de Peter era la prueba irrefutable de que no le interesaba lo más mínimo el negocio de las cuadras... ni ella. Por otro lado, apenas había salido del país cuando un equipo de expertos en construcciones y jardines del siglo XVIII se habían presentado en su puerta para realizar un minucioso estudio de la propiedad mientras discutían acaloradamente entre ellos. ¿Cómo se suponía que su autoestima iba a superar que un techo de paja tuviera más interés que ella? Después de todo, todos esos expertos debían de haber recibido noticias de Peter.
El chillido de un cerdo furioso la hizo levantarse de un salto. Uno de los viejos perros de caza de Lanzani Court había atrapado la pelota de Peanut y retozaba alegremente en el patio. Sansón se lanzó en su persecución ladrando de entusiasmo. El perro soltó la pelota y se puso a jugar con el chihuahua. Con sus pequeños ojos redondos brillantes de inteligencia porcina, Peanut se acercó trotando y recuperó hábilmente su juguete favorito.
Unos minutos después llegó el cliente que Lali estaba esperando con el poni de su hijo en un tráiler. El negocio estaba en expansión, y Lali no pudo entender por qué se sentía tan nerviosa y angustiada.
Peter salió de la ducha y agarró una toalla.
Aún no había amanecido. ¿Aparecería Lali? Por primera vez en su vida de adulto, no confiaba en lograr un éxito inmediato con una mujer. Y tenía que reconocer que aquella sensación singular de inseguridad lo fascinaba. Ni siquiera sabía por qué la había invitado a compartir un placer que normalmente prefería disfrutar solo. ¿Sería la aparente indiferencia de Lali el secreto de su atracción? Él nunca se había topado con un desinterés semejante por parte de una mujer.
Pero no había ningún secreto, pensó con exasperación. Lali estaba enamorada de otro hombre y punto.
Sin embargo, no todo estaba tan claro. Había esperado que Lali lo llamara con regularidad para ponerlo al corriente sobre las cuadras. Había asumido que se aprovecharía de su vasta experiencia en los negocios para pedirle consejo. Asimismo, había estado convencido de que aprovecharía la excusa de la sociedad para asegurarse de que él no la olvidase mientras estaba fuera. Pero ella no había hecho ninguna de esas cosas, y eso lo intrigaba sobremanera.
Al pie de la colina, Lali yacía en la cama, rígida por la tensión y completamente despierta, obligándose a sí misma a volver a dormirse. No iba a acudir a la cita. Peter no estaría allí. No habían quedado formalmente. Y aunque estuviera, sería una locura. Tenían una relación profesional y, a diferencia de él, ella siempre seguía las reglas con gran respeto. En cualquier caso, se había quedado en la cama demasiado tiempo y ya era tarde para empezar a prepararse.
Pero un segundo después, algo más fuerte que la razón, y muy parecido a una descarga de adrenalina, la impulsó a levantarse de un salto. No fue una decisión
tomada a conciencia.

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