O tal vez fuera la compañía lo que le impedía ser consciente de lo que pasaba fuera del mágico círculo de su mesa. Se tomó con gusto un plato de cordero y salmón acompañado de verduras que se deshacían en su boca, y se permitió el capricho de pedir dos flanes en vez de uno.
Peter la miraba asombrado.
—Es toda una novedad estar con una mujer a la que le guste comer.
—Benjamin era feliz cuando me moría de hambre y me quedaba en los huesos — admitió ella, deleitándose con el café brasileño que sirvieron junto a los licores.
Peter le pasó un dedo sobre el dorso de la mano en un gesto de reproche.
—Has sido bendecida con unas curvas divinas... No las pierdas.
Lali sintió que se quedaba sin aire, como si acabara de subir corriendo una empinada colina.
—Te puedo prometer sin temor a equivocarme que seguiré teniendo estas curvas en un futuro próximo, al menos.
—Conmigo puedes ser tú misma.
Lali dejó que el licor dulce y picante le mojara la lengua, deseando empaparse con el sabor de Peter. Y entonces, como si él pudiera leer sus pensamientos, se levantó tranquilamente y la llevó de vuelta al coche.
Una mezcla de pánico, asombro y excitación se apoderó de ella. Ya no pensaba en Benjamin cada cinco minutos. De hecho, los dolorosos recuerdos de su ex novio y de Eugue empezaban a desvanecerse sin que ella se estuviera dando cuenta. Aun así, no había el menor sentido común en lo que estaba sintiendo: estaba tan loca por Peter como una adolescente imprudente y apasionada. Pero... ¿no era exactamente eso lo que se había dicho a sí misma que anhelaba y necesitaba? ¿Una aventura alocada sin riesgos ni compromisos?
Pero, en un momento de inseguridad, temió que si se acostaba con Peter seguiría deseándolo a la mañana siguiente y durante mucho más tiempo del que sería de esperar. Aquella certeza la asustó, porque sabía que Peter jamás le ofrecería ningún tipo de compromiso. Había sido muy claro al respecto, y ella no podía criticarlo ni censurarlo. Al mismo tiempo tenía que reconocer la habilidad y maestría de Peter en crear un ambiente romántico y sensual. Pero eso no era más que un artificio, y ella sería una estúpida si olvidaba la realidad. Sus emociones parecían seguir descontroladas. ¿Por eso se sentía tan angustiosamente vulnerable? De repente, sentía un miedo terrible de que volvieran a hacerle daño.
Peter aparcó junto a la casa, tomó la llave de los temblorosos dedos de Lali y salió ágilmente del vehículo para abrir la puerta.
Sorprendida por la destreza y rapidez con las que Peter ejecutaba sus maniobras, Lali salió del coche y lo siguió con movimientos mucho más torpes e inseguros.
—Me lo he pasado muy bien —dijo él. Inclinó la cabeza y le dio un casto beso en la mejilla, como si estuviera besando a un familiar mayor.
—Yo también... —murmuró ella, y se puso roja cuando lo vio alejarse de vuelta hacia el Lamborghini. Se moría de vergüenza porque la estuviese mandando a paseo.
Justo antes de meterse en el coche, Peter se detuvo y se giró tranquilamente.
—El próximo fin de semana estaré en mis cuadras de Kildare. Te llevaré a las carreras de Leopardstown el viernes. Te avisaré con tiempo para arreglarlo todo.
Otrooo
ReplyDeleteMaasss
ReplyDeletemass
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