—Me gusta tu vestido —le comentó. Aunque era de corte conservador, realzaba la exuberante figura de Lali con un buen gusto que impresionó a Peter. Y el sombrero de organza con plumas le parecía encantadoramente femenino. Los colores que lucía resaltaban su piel cremosa y la brillante caída de sus cabellos negros—. Voy a disfrutar mucho presentándote al resto del grupo.
La sonrisa de Lali se tensó un poco. No había esperado que fuera a pasar el día como parte de una multitud.
—¿Socios tuyos?
—Y también conocidos. Este encuentro se concertó hace varias semanas, para devolver la hospitalidad que recibí en el extranjero.
Con Sansón devuelto una vez más a la bolsa, Peter llevó a Lali al Leopardstown Pavilion, un vasto edifico con fachada de cristal donde se celebraban toda clase de eventos para lo más selecto de los aficionados a las carreras. En cuanto Lali se bajó de la limusina y se quedó al lado de Peter, fue consciente del interés que despertaba entre los presentes.
—¿La prensa te suele fotografiar en eventos como éste? —le preguntó bruscamente a Peter.
—Siempre que mi caballo gana. ¿Te molestaría? —le preguntó él con su cinismo habitual, esperando una respuesta negativa. Aún no había conocido a ninguna mujer a la que no le gustara ver su cara en los periódicos.
—Sí, la verdad es que sí. Si no te importa, preferiría quedarme al margen — respondió ella.
No quería arriesgarse a atraer la atención de los paparazzi, porque sabía que no descansarían hasta descubrir la identidad de la misteriosa castaña que se paseaba con un perro en miniatura del brazo de Peter Lanzani. La ruptura con Benjamin y la inminente boda de éste con Eugue podrían ser aireadas y avivar lo que, por otro lado, era una historia bastante aburrida. Eugue era muy fotogénica y le gustaría darse a conocer públicamente. Por desgracia, esa clase de publicidad sería un engorro para la familia de Lali.
—¿Te avergüenzas de mí? —le preguntó él con una ceja arqueada.
—¡No seas tonto! —lo recriminó Lali con una carcajada, y le explicó el motivo de sus preocupaciones. Pero, por alguna razón, lo que en principio parecía tan sencillo resultó ser muy complicado cuando tuvo que expresarlo bajo el intenso escrutinio de Peter.
—Puedo leer tu mente como si fuera un libro abierto... y lo que veo es tristeza. Lali lo miró con asombro.
—¿Cómo dices?
—Te resistes a que te fotografíen en mi compañía porque no quieres que Benjamin sepa que ahora estás conmigo —se burló él en un tono glacial.
—¡Eso es un disparate!
—A mí no me parece ningún disparate. Aún tienes la esperanza de volver con tu ex novio...
—¡Claro que no!
—No te creo, a mhilis —respondió él secamente—. Pero dejémoslo ahí. No veo que tenga ningún sentido involucrarme en tus preocupaciones íntimas.
quiero mas
ReplyDeleteOtroo otroo
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