Lali respiró hondo. Aquella muestra de desinterés había sido un golpe muy duro, y estaba irritada consigo misma por haber desaprovechado la oportunidad para refutar las sospechas de Peter. Aunque, por otro lado, una defensa demasiado vehemente la habría hecho parecer excesivamente ansiosa por complacer.
Mientras luchaba con sus dudas e inquietudes, entraron en la suite privada que Peter había alquilado para sus invitados. No habían pasado ni veinte segundos desde su entrada, cuando una multitud se agolpó en torno a él para conseguir su atención. Entre los efusivos saludos y empujones, Lali se vio apartada tan rápido de su lado que ni siquiera se dio cuenta de lo que pasaba. Resignada a pasar desapercibida o a ser ignorada, no fue la única sorprendida cuando Peter miró a su alrededor para buscarla y esperó a que volviera a su lado.
Todos los que lo rodeaban se apartaron lentamente para abrirle camino a Lali, quien se puso colorada al verse convertida en el centro de atención. Pero, al mismo tiempo, se sentía secretamente complacida de que, a pesar de la discrepancia de opiniones que habían tenido minutos antes, Peter se hubiera percatado inmediatamente de su ausencia y no hubiera perdido ni un segundo en reclamarla.
Al cabo de una hora la cabeza de Lali le daba vueltas por el torbellino de impresiones y retazos de conversación en varios idiomas diferentes. Peter la presentó como «Lali», pero sólo cuando alguien preguntaba su nombre... y fueron pocos los que lo hicieron. Lali conversó animadamente sobre caballos y pronto eligió a aquellos invitados para quienes la cría, la doma y las carreras de caballos eran un tema de gran interés. Con ellos congenió fácilmente, y algunas admiradoras colmaron de mimos a Sansón. Sin embargo, por primera vez desde que conoció a Peter, fue consciente de su inmensa fortuna y su estatus social. En torno a él la gente hablaba en voz baja y respetuosa, y cuando se dirigían a él lo hacían con una precaución extrema y una humildad exagerada. Algunos hacían gala de un ostentoso humor masculino que hizo estremecerse a Lali, pero Peter permanecía impertérrito, y aunque sus modales eran impecables su actitud era tan sumamente reservada que intimidaba a todos. A menudo guardaba silencio y no intentaba entretener a los invitados, quienes en cambio hacían lo posible por intentar entretenerlo a él.
Lali también se quedó atónita por la manera tan descarada en que varias mujeres la ignoraban mientras le dedicaban a Peter lánguidas miradas de invitación, sugerentes insinuaciones y comentarios seductores. Pero él no respondía a nada de eso. Era como si estuviese tan acostumbrado a recibir invitaciones femeninas que simplemente no se percataba de ellas. Lali llegó a avergonzarse de su propio sexo al percibir el atisbo de desprecio que ensombreció su expresión cuando la esposa de otro hombre alabó su atractivo masculino con flagrante deseo.
Tras la comida, los invitados abandonaron la mesa para seguir alternando. Lali se estaba sirviendo un café cuando oyó la conversación que estaba teniendo lugar detrás de ella.
—Ahora entiendo por qué Peter no me hace caso. Es evidente que prefiere a las chicas con caderas generosas —estaba diciendo una mujer. Hablaba en voz baja, pero su perfecta dicción la hacía claramente audible.
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