El caballo de Peter, llamado Intrépido, era un precioso ejemplar castaño con una estrella blanca en la frente, y el jockey que lo montaba era un campeón. Mientras Peter hablaba con su adiestrador, Lali vio cómo los caballos se lanzaban a galope desde los cajones de salida. A pesar de sus reservas, se sorprendió a sí misma atrapada en la emoción de la carrera. Y cuando Intrépido se puso en cabeza se entregó por completo a animarlo con frenética devoción.
—¡Vamos, vamos...! ¡Es una centella! —exclamó exaltada cuando el caballo cruzó la línea de meta con varios cuerpos de ventaja.
Peter obtuvo casi tanto placer del inocente entusiasmo de Lali como por el triunfo de su purasangre.
—Realmente sabes apreciar a un ganador. Te compraré algo especial para celebrarlo.
Lali lo miró angustiada.
—No, gracias. No tienes que comprarme nada.
—No tengo por qué hacerlo... pero quiero hacerlo —declaró él, inflexible.
—Peter, yo...
—Si no quieres que te saquen fotos conmigo, te aconsejo que te apartes de los ganadores —le sugirió él, y se alejó sin darle tiempo a protestar.
Al quedarse a una distancia discreta, Lali no recibió la menor satisfacción por excluirse. Una rubia de sugerentes curvas y con un vestido blanco tan corto y ajustado que debería estar prohibido se había enganchado a Peter y reía con deleite. Lali abrió los ojos como platos. En vez de apartar a la hermosa acosadora, Peter la rodeó con un brazo mientras los flashes de las cámaras destellaban frenéticamente. Lali apretó los dientes y se preguntó quién sería aquella rubia, pero decidió que no se rebajaría a preguntarlo.
La victoria dio paso a una gran celebración en la suite privada, donde prodigaron las bebidas y donde se emitió una y otra vez la grabación de la carrera de Intrépido, comentada y analizada minuciosamente por los espectadores. Cuando la fiesta estaba en su apogeo, Peter llevó a Lali aparte y le sugirió que se fueran a su casa. A Lali no la sorprendió, viendo lo aburrido que parecía ante el buen ánimo, el exceso de alcohol y las desinhibiciones de sus invitados.
—¿No te gustan las fiestas? —le preguntó ella mientras salían.
—Cuando era niño, Valente celebraba una fiesta cada noche. Llegué a desarrollar un gusto preferente por la sobriedad y la conversación racional —le confesó él suavemente.
Lali se ruborizó.
—Me imagino lo que debiste de pensar cuando me encontraste junto a aquella hoguera, con una botella de vino y soltando un montón de tonterías.
Peter la observó con regocijo.
—Que eras una especie aparte.
Pilotó el helicóptero hasta Kildare, volando con la misma seguridad con la que conducía por tierra, y aterrizó a cien metros de una imponente mansión victoriana rodeada por fastuosos jardines.
—¡No me habías dicho que tuvieras dos casas señoriales! —exclamó Lali, perpleja al ver el majestuoso edificio.
++++++++++++++++++++++++++
ReplyDeleteNecesito mas
ReplyDeleteyo que fuera lali agarro de los pelos a esa rubia y la quito de allí
ReplyDelete