—Los mozos están esperando en la sala de personal para celebrar la vuelta a casa de Intrépido.
A Lali le ardieron las mejillas de vergüenza y, por un momento, no pudo reconocerse a sí misma en la descarada mujer que había intentado retener a Peter. Pero Peter estaba suponiendo una revelación para ella en más de un sentido, reconoció mientras intentaba calmar los temblores que le había provocado aquel beso tan sensacional. Ningún hombre la había excitado nunca hasta ese extremo sólo con un beso. Un intenso hormigueo la recorría de los pies a la cabeza, haciéndola ser consciente de cada palmo de su cuerpo.
Volvieron a la mansión en silencio. La brisa nocturna le refrescaba su acalorada piel. No la molestaba el silencio. Había descubierto que no tenía ninguna duda, y.se preguntaba si eso se debería a su incapacidad para pensar con coherencia. Se sentía tan increíblemente feliz que quería reír a carcajadas.
Peter le tomó el rostro entre las manos y volvió a besarla. Luego, entrelazó los dedos con los suyos y la condujo hacia la escalera de madera profusamente tallada. A Lali se le empezó a acelerar el corazón e intentó concentrarse en lo que la rodeaba. Su atónita mirada recorrió el majestuoso mobiliario, los grandes cuadros y una amplia y valiosa colección de objetos de arte. Entonces Peter abrió una puerta y se retiró para que ella entrase en primer lugar.
Estaban en un dormitorio, y Lali no pudo entender por qué se sentía tan cohibida ante una situación tan previsible.
—Eres tímida... —susurró Peter, maravillado—. No estoy acostumbrado a ver ese rasgo en una mujer.
—No soy tímida —protestó ella a la defensiva—. Simplemente, no estoy acostumbrada a esta... quiero decir...
—No debes tenerme miedo —le aseguró él, y la estrechó entre sus brazos para besarla apasionadamente.
Pero su habilidad para hacerla prender en llamas con un solo beso también lo convertía a él en una clase aparte de hombre... una clase a la que ella nunca había conocido.
—Te he deseado desde el primer momento que te vi —le confesó él con un susurro ronco.
—Ten cuidado... parece que te estás poniendo romántico —le advirtió ella con voz jadeante.
—Lo mío no es el romanticismo. La realidad es muchísimo más excitante —la hizo girarse y, lenta y cuidadosamente, le bajó la cremallera del vestido.
El aire frío le acarició la espalda. Peter separó las dos partes del vestido y le levantó la melena negra para pasarle la lengua por la piel sensible de la nuca. A Lali se le formó un nudo de anticipación en el estómago y dejó escapar una exhalación entrecortada.
El vestido cayó a sus pies con un susurro sedoso. Peter la hizo girarse de nuevo hacia él y la recorrió intensamente con una mirada de apreciación masculina, desde sus labios hinchados hasta los pechos turgentes y cremosos aprisionados en un sujetador color albaricoque.
—Eres preciosa...
Lali estaba temblando.
Aaaa me muero!
ReplyDeleteMaas
😍 otrooo
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