Peter le mantuvo la mirada, pero el brillo de sus ojos revelaba que no estaba oyendo cosas de su agrado.
—¿Qué le ha pasado a tu deseo por tener una aventura sin compromiso? ¿Con esa actitud tan despreocupada que tanto admirabas?
—Lo que pasó... fuiste tú —admitió ella sin dudarlo—. Tú me hiciste desear algo más que una simple aventura.
—Pero a mí tampoco me gustan las aventuras... Y quiero que vuelvas conmigo.
Lali se estremeció. No estaba preparada para una declaración así. La confusión y la inseguridad se apoderaron de ella. Cuando habían estado juntos se había sentido sorprendentemente cerca de él, y tremendamente feliz. Pero él se había convertido de repente en un extraño frío y distante, protegiéndose tras un infranqueable muro de reserva. Le había hecho daño, y Lali sentía ese dolor como una bofetada de advertencia por su propia ingenuidad.
—¡No soy un juguete que puedas volver a meter en la caja cuando te canses y quieras probar otro!
La expresiva boca de Peter se torció en un gesto de desagrado, ya que aquélla era una descripción bastante acertada de su comportamiento habitual con las mujeres.
—No es así como te he tratado.
—Lo siento... No funcionaría —murmuró Lali, posando en él sus angustiados ojos negros. La penetrante mirada de Peter la prendió rápidamente. Parecía desconcertado porque ella no cayera en sus brazos como un fruto maduro.
Sacudida por un terrible deseo de abrazarlo, Lali mantuvo las manos firmemente sujetas a los costados y concentró toda su atención en mirarse las botas. ¿Por qué su ira se había esfumado? No lo sabía. Peter ni siquiera se había disculpado, aunque era poco probable que supiera cómo disculparse. Tal vez nunca se había visto en esa necesidad, gracias a todas esas personas ansiosas por complacer a un hombre rico y poderoso.
«Pídeme perdón», lo apremió mentalmente. «Pídeme perdón... pídeme perdón».
—Hay algo más que deberías saber sobre mí, a mhilis —dijo él, mirándola con la implacable resolución que sustentaba su personalidad—. Nunca renuncio a un desafío.
—Debo irme... Tengo que cambiarme antes de ir al pub —murmuró ella, y empezó a retroceder hacia su vehículo, lenta pero segura.
—Lali...
—¿Qué? —apenas podía respirar y tenía toda su atención fija en él.
—Eres extraordinaria... No ordinaria.
Lali sintió cómo se le acaloraban las mejillas y cómo toda su determinación y firmeza abandonaban su cuerpo, como un cubo de agua lleno de agujeros. Podía sentir cómo la tentación retumbaba en su corazón. Asustada, se subió rápidamente en la camioneta, recordándose que aún podía huir gracias a que no se había atado a Peter de ninguna manera. No iba a quedarse con un multimillonario aburrido para
que éste se cansara de su extraordinaria ordinariez mucho antes de que ella se cansara de él.
Masss ayy me encantaaa
ReplyDelete