¿Le había parecido ella demasiado ansiosa? ¿Demasiado afectiva, demasiado feliz, demasiado cariñosa? La noche anterior Lali había cedido a la tentación y le había recogido la camisa del suelo. ¿Había presentido él el amor, como un temblor amenazante en los márgenes de su preciada vida de soltero? ¿Lo había asustado ella hasta el punto de hacer necesaria una advertencia frontal y directa?
—Creo que es una decisión muy sabia por tu parte —consiguió decirle—. No estás hecho para el matrimonio.
Peter siempre había pensado eso, pero por alguna razón, cuando Lali corroboró la propia opinión que tenía de sí mismo, se sintió gravemente insultado y mucho menos estimado de lo que merecía.
—¿Por qué no? ¿En qué me diferencio de los otros hombres?
—Eres muy autosuficiente...
—Lo próximo que me dirás será que prefieres a los hombres que lloran y todo eso —se burló Peter—. Me pregunto cómo estarías con alguien débil e inseguro que siempre necesitara apoyarse en ti para todo.
—Por suerte, no tengo ni idea —respondió Lali. No tenía más que decir. Había sentido cómo la apremiaba su propia herida, la había cortado a tiempo y estaba resuelta a no permitir que sus pensamientos tomaran la dirección prohibida.
—¿Y qué otro problema tengo? —preguntó él con frialdad.
—Yo no diría que tengas ningún problema. Fuiste tú quien me dijo que no estabas hecho para el amor ni el compromiso.
Mucho rato después, en mitad de la noche, Peter podía oír la respiración profunda y sosegada de Lali, quien disfrutaba del plácido sueño de alguien ajeno a los problemas y preocupaciones. A la luz de la luna, Peter golpeó la almohada y cambió de postura por vigésima vez. Quería zarandear a Lali para despertarla y preguntarle cómo veía ella su relación. Tal vez no estuviera hecho para el amor ni el compromiso, pero no engañaba a nadie ni tampoco le interesaban las aventuras sexuales sin sentido. Tenía sentimientos. Quizá no tuviera costumbre de mostrarlos, pero eso no quería decir que no existieran. Podía ser sensible, considerado, atento... Podía ser cualquier cosa que quisiera ser. Había hecho un enorme esfuerzo por complacer a Lali, aunque tenía que admitir que no había sido ningún sacrificio, pues al complacerla a ella se complacía igualmente a sí mismo.
Después de todo, ¿qué otra mujer podría hablar animadamente de caballos durante todo el día? ¿Qué mujer discutiría con sincero interés la mejor forma de criar purasangres? Lali tal vez no hubiera sabido mucho del tema al principio, pero aprendía muy rápido. ¿Qué otra mujer podía entretenerse mientras trabajaba, sin emitir una sola queja ni intentar ganar la atención de Peter? Le gustaba leer y dar largos paseos. Los simples placeres de la vida. Parecía tan decidida, tranquila y tan poco exigente... ¡Y sin embargo allí estaba, haciéndolo subirse por las paredes!
A la mañana siguiente, Lali vio un mensaje de texto en su móvil. Era de Eugue...
su primera muestra de comunicación tras meses de silencio.
Tengo que hablar contigo. Qndo?
Lali se llevó una gran alegría y le respondió enseguida, diciéndole que estaría en Londres dentro de treinta y seis horas.
quierooo masss
ReplyDeletesube mas
ReplyDeleteOtroo otrooo otrooo
ReplyDeleteMaassss
ReplyDeleteAyay ese mensaje de euge me preocupa!