Irradiando una clase exquisita, Peter recorrió la multitud con la mirada antes de dirigirse a Lali.
—Puedes felicitarte a ti misma. Eres una estrella de las relaciones públicas.
—Y tú tenías razón. Me equivoqué. Estamos siendo desbordados.
Con sus grandes ojos pardos centelleando, la mujer se echó hacia atrás su larga melena negra y esbozó una radiante sonrisa en su atractivo rostro.
—Hola... Soy Frankie.
Lali no creyó que hubiera un solo hombre en veinte kilómetros a la redonda que no conociera a Frankie Millar. Tras haber sido una modelo despampanante, Frankie se había lanzado al mundo de la televisión y había cosechado un enorme éxito como presentadora. Famosa y con talento de sobra, se dedicaba a entrevistar a los ricos y famosos en sus propio programa de tertulias.
«Anoche debió de acostarse con ella», pensó Lali sin poder evitarlo. Sentía que se estaba poniendo enferma. Aunque ya habían pasado dos días desde que Peter le dijera que quería volver con ella, y ella lo había rechazado terminantemente, de modo que ¿qué otra cosa esperaba? Los hombres ricos, guapos y solteros no estaban solos mucho tiempo.
—Peter me ha dicho que eres la primera socia que ha tenido en su vida —le comentó Frankie alegremente—. ¿Cómo es estar asociada con él?
—Interesante. No discutimos mucho sobre las decisiones, y surgen un montón de imprevistos —para evitar mirar directamente a Frankie, quien estaba añadiendo a su interminable lista de virtudes una actitud cálida y amistosa, se fijó con una sonrisa plastificada en las escarapelas que se repartían a los ganadores de la carrera de obstáculos—. Pero Peter tiene la enervante costumbre de darse cuenta de todo lo que a mí se me pasa por alto, así que no puedo quejarme. Discúlpame... tengo que atender unas cosas. Ha sido un placer conocerte, Frankie.
Mientras Lali se alejaba sin poder ocultar su impaciencia, Frankie vio cómo Peter contemplaba a la castaña de buenas curvas con la intensidad que normalmente reservaba para los caballos de carreras.
—Deberías haberle dicho que estuve casada con tu mejor amigo —le reprochó Frankie.
Peter miró a su compañera con una expresión maliciosamente divertida.
—Ha sido un descuido deliberado.
—¡Maldito bastardo! —espetó ella—. ¡Espero que te haga pasar por un infierno!
—Seguramente lo haga. No es fácil.
—Si no le dices que sólo soy una amiga, se lo diré yo.
Cegada por el arrebato de sentimientos contradictorios que ardían en su interior, Lali caminó lentamente entre las filas de vehículos aparcados. Peter había encontrado una sustituía y, lo que era aún peor, una sustituía más delgada, guapa y sexy que ella, y encima con un programa de televisión propio.
Oyó un grito y creó reconocer la voz de su hermanastro. Frunció el ceño y levantó la vista del suelo.
Stefano estaba corriendo a través del camino como si persiguiera a alguien. De hecho, varias personas parecían haber emprendido la misma persecución. Lali se giró para ver qué había provocado aquella conmoción. ¿Habría sido un accidente? ¿Un robo? Entonces oyó el chirrido de unos neumáticos sobre la grava y sólo tuvo un
segundo para ver cómo un coche con una mujer llorando al volante iba directo hacia ella.
Alguien le gritó. De repente algo la empujó y la hizo volar por los aires, salvándola del peligro. Se golpeó el hombro contra el costado de una furgoneta, antes de caer al suelo formando un enredo de brazos y piernas. Horrorizada y sin aliento, luchó por llenarse de aire los pulmones aplastados. Oyó un espeluznante ruido metálico cuando el coche que había estado a punto de atropellarla giraba a una velocidad endiablada y colisionaba contra un vehículo estacionado.
Peter se inclinó sobre ella. Sus ojos parecían despedir llamas, y su rostro estaba cubierto por una expresión de ansiedad y preocupación como Lali nunca había le había visto.
—¿Estás herida? —le preguntó con voz apremiante—. Dime que estás bien.
A Lali le escocía el hombro y le dolía todo el cuerpo por el duro golpe que se había dado contra el suelo al caer, pero en aquel momento aquellas molestias no significaban nada para ella. Peter había arriesgado su propia vida para salvarla del inevitable impacto.
—Frankie se casó con mi mejor amigo. La he usado como cebo para comprobar si te molestaba verme con otra mujer —le confesó agarrándola de la mano. Sus propios dedos estaban temblorosos. Le presionó un beso en la palma antes de levantar la cabeza—. He sido un estúpido y un maldito creído. ¡Podrían haberte matado!
—Está bien... —murmuró ella. Se le había formado un nudo en la garganta por el shock y la emoción, y tuvo que parpadear frenéticamente para reprimir las lágrimas—. Me gustan los hombres creídos.
Por un breve segundo pensó que iba a besarla. Pero entonces los interrumpieron los gritos y el llanto desgarrador de una mujer. Peter se irguió a toda prisa y la ayudó a levantarse.
—Creo que hemos dado con tu acosadora... Espero que no haya herido a nadie.
—¿Mi acosadora? —repitió Lali, y se fijó en la escena que tenía lugar a quince metros de ella.
Por suerte nadie parecía haber resultado herido en el accidente, pero una mujer joven y rubia gritaba y golpeaba como una histérica el capó del Porsche que había estado a punto de atropellar a Lali, a quien rodearon un buen número de los empleados de Peter, así como un agente de la garda. Pero lo que más llamó la atención de Lali fue ver a su hermano a unos metros de distancia. Estaba mirando a la mujer rubia con una expresión sombría poco habitual en él, hasta que finalmente se alejó.
—¡Stefano! —grito la mujer frenéticamente—. ¡Ayúdame! ¡No me dejes así!
Encorvado y abatido, Stefano se acercó a Lali y la rodeó con los brazos.
—Lo siento tanto... De verdad que siento todo esto. ¿Estás bien? Gracias a Dios que no estás herida.
Si Gemma te hubiese atropellado, no podría haber vivido con mi culpa...
—¿Por qué dices eso? —le preguntó Lali, poniendo una mueca de dolor mientras la mujer rubia seguía sollozando desconsoladamente—. ¿Gemma? ¿La conoces?
—Vamos a otro sitio para hablar. Estamos atrayendo la atención —dijo Peter. Le rodeó los hombros con un brazo y la condujo hacia su coche—. La persona que te
acosaba era la ex de tu hermano, Gemma Barton, que estaba loca por él.
JAJAJAJAJA q carajos la ex del hermano! Ni me hubiera imaginado!
ReplyDeleteMaas
sube más
ReplyDeleteOtroo
ReplyDeleteEl siguiente
ReplyDeletemas novelaaa
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